Actualizado Jueves, 16-04-09 a las 19:28
Va la compañía aérea United Airlines y anuncia que piensa cobrar doble a los pasajeros obesos, los supergordos que son un tercio de la población norteamericana. Si los miembros de esta inmensa minoría quieren volar no les van a llamar cerdos con alas pero casi: tendrán que comprar dos asientos de clase turista o pagar para dar el salto a primera clase, que allí sí se cabe.
Aseguran que ha tenido que tomar esta medida extrema después de recibir más de setecientas protestas de pasajeros “normales” tras tocarles volar al lado de un obeso que desbordaba su espacio aéreo vital. Lo que no dicen es que el problema tiene tanto que ver con el sobrepeso de la gente como con la creciente estrechez del susodicho espacio aéreo vital. Ya no es que en primera clase se esté más cómodo que en turista, es que en turista ya casi no se puede estar. Sobre todo desde el 11-S, las compañías aéreas están apretando el cinturón a sus pasajeros de una manera alarmante. Hay quien relaciona el reciente incremento de accidentes de aviación con el furor por hacer economías.
Ahora les ha tocado a los obesos como mañana les toca a las embarazadas o a los que tienen las piernas largas. Con la ventaja incomparable de que los supergordos están tan socialmente acorralados que se lo dejan hacer todo. Los hay que sólo piden que se les humille con cariño: el Chicago Tribune, periódico de la ciudad que vio nacer United Airlines, citaba el testimonio de Lynn Celmer, viajera aérea frecuente y antigua obesa, confesando las muchas veces que en el pasado lloró de vergüenza al tener que suplicar a su compañero de vuelo que se corriera un asiento. ¿Hasta que dejó de volar? No, hasta que se operó el estómago.

