IGNACIO GIL
Actualizado Jueves, 16-04-09 a las 08:47
Ha nacido una pareja política que dará que hablar. La presidenta de la Comunidad madrileña, Esperanza Aguirre, y el ministro de Fomento, José Blanco, pasaban por ser dos irreconciliables políticos que se ponían de hoja de perejil con o sin motivo. Cuando la presidenta era sólo "Espe" en Ferraz, Blanco le recomendó que se quedara en Bombay a esperar al resto de la delegación madrileña cuando las bombas la hicieron correr en calcetines rumbo a España. Sensu contrario, cuando el ministro era en la Puerta del Sol simplemente "Pepiño", se le tachaba sin caridad de miserable por sus críticas aceradas a la dirigente madrileña. Y luego llegaría la ironía gallega del ministro: quién no recuerda aquel cruce de frases cargadas de ácimo de Blanco a Gallardón, el eterno enemigo de la responsable autonómica. Era la campaña gallega y Gallardón y Blanco se cruzaron en Lugo, en pleno reparto de propaganda electoral. El alcalde le deseó suerte al vicesecretario de Ferraz a lo que el dirigente del PSOE en tono jocoso, contestó: "Que sepas que si me va bien a mí, probablemente te vaya bien a ti". "No seas malo", le replicó Gallardón.
A la presidenta aquella sutileza le hizo una gracia perfectamente descriptible. Tanto, que la frase envenenada que dejaba bien a las claras que si le iba bien al PSOE, le iba mal a Rajoy y, por tanto, bien a Gallardón, colocándolo en la línea sucesoria, le hizo saltar como un resorte del trono de la Pueta del Sol. Y el hoy ministro amigo, recibió de su medicina en forma de acusación: "Aquí, el que ha perdido ha sido Pepiño, lo tienen ustedes claro ¿no?", dijo Aguirre con sorna a los periodistas en referencia al desastre electoral de Touriño. Hoy, aquellas bombas de racimo son florecillas de invernadero. El ministro ha echado sus cuentas y quiere, con su inopinado calor fraternal a la dirigente popular, matar dos pájaros de un tirno. El primero es bicéfalo: Rajoy y Gallardón, crecidos tras el éxito de Núñez Feijóo. Y a los dos, Blanco les atribuye rivalidad abismal con la presidenta de Madrid por lo que cualquier relevancia mediática de ésta se traduciría, según el nuevo ministro, en castigo político para aquellos.
El segundo, es menos tangible pero tan importante como el primero: desbrozar el camino para que, después de 16 años de hegemonía popular en Madrid, un candidato socialista logre convertirse en el segundo presidente del PSOE, tras Joaquín Leguina. Y para ello, nada como trasladar a los electores de la región que el flamante Gobierno socialista, lejos del sectarismo de otras épocas y otras ministras, se preocupa por su bienestar e invierte en sus infraestructuras. No en vano, y en contra de lo que pudiera parecer, el enemigo número uno de la ex ministra Magdalena Álvarez en Madrid no era Esperanza Aguirre sinoTomás Gómez. Cuentan y no acaban en la Asamblea de Madrid sobre el desprecio de la ex titular de Fomento hacia sus compañeros en la capital. Al punto, que la polémica "Maleni" no cogía el teléfono al secretario general del PSM al que consideraba "un pesado" por reclamarle más dinero para Madrid. Pero sin olvidar que antes fue Rafael Simancas el objeto del desdén de Álvarez. "Al suelo que vienen los nuestros", gritaban en el PSM.
Diplomacia versallesca
El segundo, es menos tangible pero tan importante como el primero: desbrozar el camino para que, después de 16 años de hegemonía popular en Madrid, un candidato socialista logre convertirse en el segundo presidente del PSOE, tras Joaquín Leguina. Y para ello, nada como trasladar a los electores de la región que el flamante Gobierno socialista, lejos del sectarismo de otras épocas y otras ministras, se preocupa por su bienestar e invierte en sus infraestructuras. No en vano, y en contra de lo que pudiera parecer, el enemigo número uno de la ex ministra Magdalena Álvarez en Madrid no era Esperanza Aguirre sinoTomás Gómez. Cuentan y no acaban en la Asamblea de Madrid sobre el desprecio de la ex titular de Fomento hacia sus compañeros en la capital. Al punto, que la polémica "Maleni" no cogía el teléfono al secretario general del PSM al que consideraba "un pesado" por reclamarle más dinero para Madrid. Pero sin olvidar que antes fue Rafael Simancas el objeto del desdén de Álvarez. "Al suelo que vienen los nuestros", gritaban en el PSM.
Diplomacia versallesca
Lo cierto es que de no haberse cruzado la crisis económica y la perentoria necesidad de Zapatero de dar un revulsivo al área económica del Gobierno, hubieran sido los propios dirigentes socialistas madrileños los que hubieran peregrinado a La Moncloa para reclamar la salida de la ministra de Fomento de un Departamento que ha asfixiado a Madrid y negado infraestructuras vitales como el Metro que unirá Moncloa con Majadahonda y Chamartín con Torrejón; el cierre de la M-50, la puesta en marcha de los metrobuses; el desarrollo del Plan de Cercanías y la gestión del aeropuerto de Barajas.
De todos esos proyectos hablaron Aguirre y Álvarez en su último encuentro del 23 de octubre de 2007 pero no fue más que un diálologo de sordos. En aquel momento Fomento ofreció a la Comunidad de Madrid 3.400 millones de euros para carreteras, pero pospuso su participación en Cercanías y el aeropuerto. Ayer, Blanco y Aguirre desbloquearon todas y cada una de estas inversiones. Y hasta bromeó Blanco con la posibilidad de no acudir a una boda familiar para acompañar a Aguirre en la fiesta del 2 de mayo. Diplomacia versallesca, se llama a eso.
De todos esos proyectos hablaron Aguirre y Álvarez en su último encuentro del 23 de octubre de 2007 pero no fue más que un diálologo de sordos. En aquel momento Fomento ofreció a la Comunidad de Madrid 3.400 millones de euros para carreteras, pero pospuso su participación en Cercanías y el aeropuerto. Ayer, Blanco y Aguirre desbloquearon todas y cada una de estas inversiones. Y hasta bromeó Blanco con la posibilidad de no acudir a una boda familiar para acompañar a Aguirre en la fiesta del 2 de mayo. Diplomacia versallesca, se llama a eso.
Y como en este idilio político de gran calado nadie da puntada sin hilo, es de justicia recordar que en estos nuevos afectos también se juega lo suyo Esperanza Aguirre al conseguir un interlocutor político de mayor categoría que su rival directo,Tomás Gómez, al que la presidenta no otorga un gran futuro al frente de la candidatura madrileña. Por el momento, en Génova el cruce de parejas -Aguirre-Blanco y Gallardón-Sebastián- se inscribe en el contexto de los "líos de Esperanza y Alberto". Y esperan que no vaya a más, aunque no las tienen todas consigo.


