El acuerdo iba a aprobarse mañana y extiende las buenas prácticas para evitar otro escándalo como la bóveda de Barceló

Miguel Ángel Moratinos junto a Rodríguez Zapatero y César Antonio Molina, en una imagen de archivo /ABC
Jueves, 16-04-09
El Consejo de Ministros habría aprobado mañana un acuerdo entre los Ministerio de Cultura y Exteriores que pone fin a la tensión que se produjo entre los dos Departamentos... si César Antonio Molina aún estuviese en el cargo. Fuentes próximas a Exteriores que solicitaron el anonimato han subrayado que el convenio termina con los intentos de Cultura de quedarse las competencias culturales en el mundo.
Al parecer, la crisis de gobierno y el cambio en el titular de Cultura retrasará probablemente su entrada en vigor, aunque no mucho a tenor de las palabras de la propia ministra Ángeles González-Sinde, quien en su primer contacto con la prensa ya adelantaba el martes que sus prioridades «van a ser todas las áreas y no sólo las del cine, y muy en concreto la promoción de la cultura y el patrimonio cultural español en el exterior».
Pero apuntado el contenido del convenio, bien parece que hay matices y que el pacto ha sido entre caballeros. Moratinos y Molina guardaban una estrecha relación de los tiempos en que éste dirigió el Cervantes y ello explica que no se haya buscado una victoria de ninguno de los contendientes, sino un acuerdo que a todos beneficia.
Hubo quien dijo que la acción cultural en el exterior produjo una «guerra» entre los Ministerios de Exteriores y Cultura por el control de los recursos que gestiona la cultura como «marca España». Y hubo quien lo negó. La especie cundió y se dijo que Molina salió trasquilado en el intento de arrogarse las competencias de la cultura en el mundo y que aquello habría sido decisivo para su pérdida de poder. Por tanto, si no hubo guerra ni victoria, Molina no sería como el Cid venciendo después de destituido.
Nueva comisión nacional
El convenio formalizará la creación de una Comisión Nacional de Acción Cultural, copresidida por los dos ministros en equidad de fuerzas. El cambio más llamativo es el que establece que se tendrá en cuenta la opinión del Ministerio de Cultura a la hora de nombrar agregados culturales, con el compromiso de que en la futura ley del servicio exterior se introducirá una pequeña novedad, ya que se permitirá a personal no diplomático acreditado en la gestión cultural su nombramiento para consejerías de las Embajadas de España. Lo cierto es que también reconoce, como es obvio, el peso decisivo de Exteriores en el diseño de las prioridades de la política exterior y de las áreas de influencia en las que España actuará con más brío en su papel de gran potencia cultural o con un empeño más volcado en la cooperación.
Uno de los casos más sonrojantes de la (mala) política cultural exterior a que dio paso el modelo aún vigente fue el de la cúpula, o bóveda, de Barceló en la sede ginebrina de la ONU, que costó 20 millones de euros y se financió irregularmente, sumado a su protagonismo al ser también elegido por Exteriores para la Bienal de Venecia de este año. Esto se ha terminado.
Llegan las buenas prácticas
El convenio que podría aprobarse en próximas semanas extiende el Código de Buenas Prácticas a la acción cultural exterior. Este decálogo que se gestó en tiempos de Carmen Calvo para solventar la crisis del Museo Reina Sofía y que Molina convirtió en eje de su política de estabilidad y profesionalización de las instituciones culturales públicas prevé que los nombramientos se realicen por concurso y se desvinculen de la política.
Ahora, las instituciones culturales singulares, como la Bienal de Venecia u otras bienales deberán ajustarse a esa limpieza de juego, con lo cual no se producirán situaciones tan incómodas como las vividas con Barceló. En Exteriores insisten que los centros de la AECID ya cumplían estas normas, pero lo cierto es que en la acción cultural se habían hecho imprescindibles. También advierten de que el Cervantes queda al margen de este convenio.
Ahora, cuando el texto sea aprobado, tanto Exteriores como Cultura podrán beneficiarse de un edificio común de decisión que había desaparecido desde la disolución por Zapatero de la Comisión Delegada de Cultura que el PP puso en pie en los años noventa. El empeño de César Antonio Molina se ha impuesto finalmente aunque él ya no esté y no sea una victoria como las del Cid. Pero aún algunos podrán decir aquello de qué buen vassallo si oviese buen señor.


