Miércoles, 15-04-09
La Policía pudo haber detenido a Miguel Carcaño al menos dos semanas antes del día en que lo hizo, pero no le fue posible actuar contra él debido a una avería en los equipos de extracción de ADN de la Brigada de Policía Científica, lo que obligó a mandar los análisis a la Brigada homónima de Madrid. Miguel era tan sospechoso desde el primer momento que la Policía ya le había requisado las ropas que llevaba puestas el día que desapareció Marta, en las que se encontró la sangre de la joven que acabó haciendo que su verdugo confesara que la había matado.
Sin embargo, pese a saberse desde el principio que en la cazadora de Miguel había sangre, una avería impidió obtener el ADN y confirmar que era de Marta en la primera semana de la investigación, un tiempo que en un caso como éste, en el que el deterioro del cadáver beneficia a los imputados, hubiera sido crucial, además de haberles podido facilitar la preparación de coartadas. De hecho, Miguel y su hermano Francisco Javier acudieron a un abogado días antes de ser detenidos.
Los resultados de los análisis, que en Sevilla se hubieran podido hacer en unas 72 horas, no llegaron hasta la mañana del 13 de febrero, veinte días después de la desaparición de Marta. Horas más tarde, Miguel, a quien la Policía seguía los pasos desde el primer día y a quien ya se le había requisado la controvertida silla de ruedas, era detenido como autor de la desaparición de Marta y confesaba haberla matado a golpes al serle demostrado que en su cazadora había restos de sangre. Concretamente, había manchas en la parte inferior interna de la cremallera -probablemente transferida al ir a cerrarla-. También se dijo que había restos de sangre en el interior de uno de los bolsillos, donde el joven admitió que había guardado el ya famoso cenicero que nunca apareció y que, a tenor de su tercera declaración, no habría sido utilizado contra la joven, ya que ésta fue estrangulada; una versión cuya veracidad sólo podrá demostrar la autopsia al cadáver, cuando se halle.
Ayer el juez instructor del caso, Francisco de Asís Molina, ordenó la detención de María G.M., la novia de Francisco Javier, el hermano de Miguel. La joven universitaria ya había declarado el 10 de marzo, cuando aseguró que estuvo estudiando en el piso de León XIII en las horas en que supuestamente se hizo desaparecer el cadáver.
Imputada la novia de Javier
Una investigación posterior, abierta en diligencias separadas, ha demostrado que la joven no se encontraba en el lugar donde dijo estar, hecho que bastó al juez para ordenar su detención. Las nuevas pruebas avalan las aseveraciones de allegados a Marta que dijeron haber estado en el exterior de la casa, e incluso haber levantado las persianas, sin advertir que allí hubiera persona alguna.
María G.M. fue detenida cuando salía de su domicilio y llegó al Juzgado esposada, bajo la custodia de dos funcionarios de Policía. Tras declarar durante casi hora y media, el magistrado la imputó como encubridora de la desaparición de Marta -de la que está imputado su novio en tanto no aparezca el cadáver-, si bien la dejó en libertad provisional sin fianza y con la obligación de comparecer cada quince días en el Juzgado.

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