Miércoles, 15-04-09
Al día siguiente de la confesión de Fernando Lugo, Paraguay amaneció dividida. A un lado los que aplauden el reconocimiento público del presidente de su hijo de dos años, y al otro los que le condenan por romper el celibato cuando era obispo y haber tardado tanto tiempo en asumir su responsabilidad. En medio se encuentran los que aseguran que el chico, Guillermo, no es más que el primero de una extensa estirpe concebida durante los años pastorales de Lugo. De esa opinión es el senador Miguel Carrizosa: «Me parece correcto lo que hizo ahora, no lo que hizo antes. Le pido que cuente ya cuántos son los hijos que hay para que no haya más dudas. Le atribuyen 17 aunque no creo que sean tantos», observó.
El obispo de Misiones, Mario M. Medina, consideró lo que hizo Lugo como «un acto de valentía y de sinceridad. Le felicito porque ya van a terminar de dar vuelta a esta cuestión» y añadió: «Existen sólo dos grandes tentaciones que pueden hacer sucumbir al hombre: el dinero y el sexo». Mientras que Ignacio Gogorza, ex presidente de la Confederación Episcopal paraguaya, lamentó: «Es una bofetada a nuestra Iglesia. Nunca pensé que llegaríamos a esto».
Con los ánimos encendidos, un apoderado del presidente de Paraguay inscribió a Guillermo en el Registro Civil, y dijo que dentro de 30 días tendría su apellido. Horas antes, el presidente del Congreso, Enrique González Quintana, lamentaba que el juramento que (Lugo) hizo ante Dios como obispo no lo cumpliera; confió en que respete «el de la patria». El diputado Carlos Liseras puso el dedo en la llaga al decir que Lugo «reconoció al chico producto del escándalo» no por una «reflexión serena» lo que calificó de «repugnante».

