Martes, 14-04-09
MANUEL DE LA FUENTE
Algunos cortos de vista quisieron ver en John Ford a un tipo reaccionario. Pero Ford, aunque flipara con el Séptimo de Caballería y llevara un parche tenía un ojo clínico y una mirada generosa para comprender los paisajes interiores del pueblo americano. A las duras, y a las maduras. Duras, durísimas, como las que planteaba en una de sus más bellas películas, «Las uvas de la ira», basada en la novela de Steinbeck. Con la increíble aportación de Henry Fonda como el fantasmal y perdedor Tom Joad y Jane Darwell como Ma Joad, su santa madre, Ford creó un universo poblado por los desheredados de la tierra (Oklahoma, el mundo), por los que en todas las partes donde cuecen las habas de la pobreza son la carne de cañón, aunque como dice al final del filme Ma Joad, «somos el pueblo, existimos siempre». La película de John Ford es inolvidable como lo fue para Woody Guthrie, el cantor de los pobres, que escribió una de sus mejores canciones, de título «Tom Joad», la misma noche en que vio el filme. Bruce Springsteen retomó el testigo y compuso «El fantasma de Tom Joad». Tom, un buen hombre, Tom la voz de la conciencia: «Estaré por ahí, donde la gente luche por comer, donde un policía golpee a un tipo; madre, allí estaré. Y cuando la gente pueda comer lo que siembra y vivir en las casas que levantan con sus manos, también me tendrán allí». Y aquí sigue.


