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La ex ministra de Administraciones Públicas era toda una desconocida para la mayoría de los españoles. Pero en el Congreso se ha podido ver en el último año a una parlamentaria combativa y sesuda
Las «perlas» de la vicepresidenta
Lunes, 13-04-09
Elena Salgado era hasta esta semana una de las grandes desconocidas del Gobierno. Según el CIS, más de la mitad de los españoles (51,2 por ciento) no saben quién es, y los que sí lo saben la valoran con un 4,27, una décima por encima de la media de los ministros. La vicepresidenta segunda y ministra de Economía y Hacienda cuenta con su «hoja de servicios» en el Congreso de los Diputados, donde ha demostrado ser una hábil y sesuda parlamentaria, que lejos de rehuir el cuerpo a cuerpo con la oposición, no duda en utilizar las armas dialécticas más afiladas para defender al Gobierno sea cual sea el asunto que se trate, con un estilo que está a caballo entre Alfredo Pérez Rubalcaba y María Teresa Fernández de la Vega.
Las apariencias engañan en este caso, porque si alguien ve a Elena Salgado por los pasillos del Congreso pensaría, sin conocerla, que es una mujer frágil, seria, gris y más técnica que Francisco Caamaño y Elena Espinosa juntos. Pero cuando entra en debate se descubre a una ministra combativa, buena parlamentaria y perfectamente preparada, hasta hacer irresistible un pensamiento tan tópico como real: «¡Vaya con la mosquita muerta!». A Salgado, sin embargo, no hay que buscarla en la estridencia ni en las alharacas, del tipo de Magdalena Álvarez o Mariano Fernández Bermejo. Ahí no se la encontrará.
Su buen hacer parlamentario le ha servido para lidiar con los peores toros de la temporada. Ha tenido que debatir sobre economía, lucha antiterrorista, estructura del Estado, el extraño voto de la vicepresidenta primera del Gobierno en Valencia e incluso sobre los urinarios de La Moncloa. Y nunca se ha salido del guión oficial y del argumentario de La Moncloa. No se la descubre ni una sola disonancia, ni un verso suelto respecto a los cánones más ortodoxos del Gobierno.
Entre los combates parlamentarios que ha protagonizado destaca el que mantuvo con Díez a propósito de una iniciativa para expulsar a ANV de los ayuntamientos: «No se trata de actuaciones de cara a la galería ni de búsqueda de protagonismos sino de una cuestión de compromiso cívico, moral y político», advirtió Salgado. Díez se sintió dolida: «Señora ministra, este es un tema demasiado serio como para que hagamos demagogia, no lo esperaba de usted. Francamente, de las bancadas espero ruido, pero que usted hablara de intervenciones de cara a la galería... ¿A la galería de tiro quizá?».
«Hacen el paripé»
Pero sus principales rifirrafes parlamentarios los ha mantenido con la bancada del PP. Esto son algunos «piropos» que ha dedicado a la oposición parlamentaria: «Ustedes donde gobiernan no dan explicaciones, hacen el paripé»; «dejen la neocrispación y la doble moral. Arreglen sus problemas, céntrense un poquito y arrimen el hombro»; «nosotros hacemos una política de rostro humano y ustedes echan mucho rostro a la política»; «ya sabemos que a alguno de sus dirigentes no les gustan los urinarios, prefieren utilizar como tal la sede de un partido político».
Junto a las críticas al PP, su «lealtad» a Zapatero: «En toda la democracia no ha habido un Gobierno más interesado por la transparencia, un Gobierno que ha introducido importantes novedades en la mejora de la infraestructura ética de España». Más aún: «La transparencia y la ética política son señas de identidad del PSOE y el Gobierno». Y otra más: «Nosotros somos un equipo coordinado y bien avenido que comparte planteamientos y objetivos».
Y si algo se sabe de Salgado, es que es experta en organización. Así se lo dijo a una diputada del PP en el Pleno del Congreso: «Seguro que usted es experta en organización. Yo también, mi currículum así lo demuestra durante muchos años».
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