Domingo, 12-04-09
Si nos preguntaran a los cristianos cuál es el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad sin duda responderíamos que la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, pues con ella queda resuelto el drama más profundo que siempre ha acompañado al ser humano: el misterio de la muerte.
No hemos nacido para morir, y por ello nos rebelamos ante la injusticia de la muerte, pues hay un anhelo cierto de eternidad inscrito en todo hombre. Cristo resucitado es la respuesta de Dios Padre ante la terrible pregunta del sentido de la vida, si ésta está abocada a la muerte. Sólo Cristo ha vencido a la gran enemiga de los hombres y ha querido asociarnos a su victoria. Nuestra muerte también ha quedado superada en la Resurrección del Señor, de tal modo que sabemos que es cuestión de tiempo, que la última palabra pronunciada sobre nuestra historia no será muerte sino vida.
Por eso, «este es el día que hizo el Señor», el día de la nueva y definitiva creación, en el que el hombre recupera su verdadera identidad, se hace más nítida nuestra vocación de eternidad y por tanto crece nuestra esperanza y nuestra alegría, porque Cristo ha resucitado.

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