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El responsable de Fomento reconoce que se siente identificado con Indalecio Prieto
El ministro Blanco, eufórico, promete entregar su «amor por España»
Si ayer había un hombre feliz en Madrid por encima del resto de los mortales ése era José Blanco. No era día para ver al político bronco que cada lunes se dedica a disparar contra todo lo que se mueve en el partido de enfrente. Ayer, Blanco se vistió de ministro por la mañana y ya no se quitó el traje de hombre de Estado durante todo el día. Quiso empezar con buen pie, y la tarde anterior se encargó personalmente de hablar con todos los presidentes autonómicos para invitarles al traspaso de cartera en el Ministerio de Fomento, donde en los últimos años se habían creado filias y fobias respecto a algunas comunidades.
Blanco ha optado por el borrón y cuenta nueva, al menos en cuanto a las relaciones institucionales se refiere, y ha prometido que escuchará siempre a los Gobiernos autonómicos, al tiempo que pedirá ser escuchado por ellos. Y allí estaba la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a quien la ex ministra Magdalena Álvarez se imaginó colgada de una catenaria o tumbada en la vía. Más que dispuesta, Aguirre está ansiosa por pasar página, después de cinco años en blanco, y no es un juego de palabras, en cuanto a nuevas infraestructuras iniciadas por el Estado en Madrid. También acudieron los presidentes regionales de Aragón, Cantabria y Baleares, además de casi todo el Gobierno de la Nación, haciendo piña política.
El ministro Blanco, a quien además de eufórico se le veía emocionado, leyó un discurso sentimental y agradecido para un acto que calificó de «memorable»: «Responderé entregando sin reservas todo lo que tengo, toda mi capacidad, todo mi entusiasmo, mi compromiso con las ideas que dan sentido a mi trayectoria política y mi amor por España».
El ministro comentó que cuando Zapatero le comunicó su nombramiento, le vinieron a la mente tres nombres: su padre, trabajador jubilado de la casa; Indalecio Prieto, el primer socialista que dirigió ese Ministerio y con el que se siente «especialmente identificado»; y, por último, Magdalena Álvarez, la «extraordinaria» ex ministra.
Blanco dejó claro que «no estamos en el punto de arranque de un nuevo periodo político», sino que él se incorpora a un proyecto en marcha. Citó el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transportes, que será a partir de ahora su hoja de ruta. «Tenemos tres años por delante y un programa por cumplir», todo con la vista puesta en la crisis económica, y con el «cambio de ritmo» que demanda Zapatero: «Hay que apretar el paso».
«Es como la poesía...»
Magdalena Álvarez también se mostraba feliz, tras cinco años en el Ministerio. «Las infraestructuras son como la poesía, un arma cargada de futuro», comentó inspirada. La ex ministra no se dio un beso a sí misma porque no pudo: «Hemos hecho un magnífico trabajo y ha llegado el momento de irse porque es imposible que un ministro lo haga todo», aseguró. Sus palabras se ganaron el aplauso de todos, incluida Aguirre.
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