El secretario de Defensa, Robert Gates, ha presentado ayer una serie de ambiciosos y radicales cambios de las prioridades presupuestarias del Pentágono. De acuerdo a la solicitud de gastos militares para el 2010 por valor de 534.000 millones de dólares, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se van a concentrar sobre todo en hacer frente a futuros y actuales conflictos de insurgencia. Lo que supone dar prioridad al material y unidades requeridos en frentes no convencionales como el de Afganistán, dejando en un segundo plano la posibilidad de una guerra más tradicional con grandes enemigos, del tamaño de Rusia o China.
Según Gates, veterano republicano renovado en su puesto por la Administración Obama, las nuevas prioridades presupuestarias intentan encajar «virtud con necesidad» y reflejan «una oportunidad para verdaderamente reformar la forma en que el Pentágono adquiere armas y conduce sus asuntos». Empeño, que tras la duplicación experimentada desde el 2001 del presupuesto militar, afecta a intereses empresariales multimillonarios en tiempos de recesión y que promete una lucha épica en el Congreso.
No más F-22
El plan de reforma incluye profundos recortes en grandes sistemas de armas, algunos heredados de los tiempos de la Guerra Fría. Entre ellos destaca acabar con programas como el del caza F-22 Raptor, con un coste disparado de 140 millones de dólares por unidad. La decisión implica no ir más allá de las 187 aparatos ya contratadas con Lockheed Martin. Y a modo de compensación para la Fuerza Aérea, se destinarán 11.200 millones de dólares para duplicar los pedidos del avión de combate F-35 «Joint Strike Fighter».
El Ejército de Tierra y la Armada de Estados Unidos también tendrán que asumir múltiples recortes en grandes sistemas. En el futuro, la «Navy» tendrá incluso que prescindir de uno de sus once portaaviones en servicio. Dentro de todo este ajuste presupuestario también ha caído el programa VH-71 para construir un helicóptero más moderno y veloz destinado al transporte del presidente de EE.UU.
Por el contrario, todo lo que tenga que ver con conflictos no convencionales va a recibir un generoso respaldo presupuestario. Empezando por un aumento del 62% en aviones teledirigidos y con capacidad ofensiva. Además de más dinero para tareas de inteligencia y ampliación de la plantilla de soldados destinados a operaciones especiales. Junto a un aumento de las correspondientes dotaciones para helicópteros, aviones y unidades navales de litoral requeridos para combates de baja intensidad.
En términos de personal, Robert Gates ha confirmado la expansión en curso de las plantillas del Ejército de Tierra y de la Infantería de Marina. Además de un esfuerzo adicional en cobertura sanitaria y prestaciones familiares como guarderías, vivienda y educación. Con un previsión de gasto adicional para mejorar el bienestar de los militares profesionales estimada en 13.000 millones de dólares.

