Actualizado Sábado, 04-04-09 a las 14:06
El estilo, el erotismo, el vestuario, la gastronomía, la puesta en escena de las imágenes «íntimas» de Michelle Obama y Carla Bruni Sarkozy ocupan el mismo puesto estratégico en la diplomacia espectáculo de sus respectivos esposos. Sus diferencias ilustran de manera muy luminosa el bizantino estado de las relaciones franco-trasatlánticas.
En Londres, durante la cumbre del G20, ambas primeras damas se habían cruzado sin llegar a maniobrar a tiro de los mismos objetivos fotográficos. La gestión imaginaria de la crisis financiera mundial exigía una aproximación multipolar, donde no tuvieron cabida las sutilezas de la diplomacia femenina.
En Estrasburgo, por vez primera, la puesta en escena del diálogo ayer entre Michelle y Carla permite calibrar la importancia del más sugestivo ballet de posiciones diplomáticas. Mientras sus maridos discutían de la OTAN, Afganistán, Pakistán y Oriente Próximo, las «primeras damas» deambulaban a paso concertado ante el Palacio de Rohan. El gris-beige del abrigo tres cuartos de «Mme. Sarkozy» entonaba con el gres-rosa del Palacio, con la elegancia de un pase de modelos, muy alta sociedad cosmopolita, de origen italiano. En Carla Bruni, la diplomacia echa raíces en la escuela de las grandes ciudades-estado italianas: lo bello ya era un arma estratégica para los príncipes florentinos.
Por el contrario, el abrigo negro, con flores fucsia haciendo juego con un traje fucsia, en la clase muy personal de «Mrs. Obama» chocaba ligeramente por su colorido chillón, ante unas piedras milenarias, haciendo más presente la firmeza enérgica, muy «new money», de ciertas elites recién llegadas al poder en la costa Este.
Durante la comida, la pareja Sarkozy hizo algunas concesiones gastronómicas a la pareja Obama. Los espárragos verdes y las coquilles Saint-Jacques marinadas, servidas por Christophe Boher —un antiguo chef del Elíseo— forman parte de la dieta presidencial francesa, dictada por el régimen draconiano de una modelo de alta costura y un presidente bajito, con tendencia a engordar. Por el contrario, la pintada en «croûte de pommes de terre farcie au foi gras», fue ayer una concesión al apetito de la pareja Obama, reputada por su «simplicidad», pero sensible a las tentaciones ricas en color y calorías.
Visita hoy a la catedral
Durante el recital de Anne Sophie Mutter, ayer noche, ofrecido en honor de sus huéspedes por una Angela Merkel educada en rigor espartano de la antigua Alemania prusiana, el dúo Michelle-Carla parecía llamada al eclipse nocturno, a la espera de su gran cita estratégica hoy ante la catedral de Estrasburgo, que un lugar tan decisivo ocupa en la historia de la Europa carolingia que continúa encarnando la pareja franco-alemana.
Para los Obama, el paseo turístico por las inmediaciones de la Catedral —uno de los templos mayores del gótico tardío, donde se confunden los estilos de los arquitectos llegados sucesivamente de Borgoña, el reino de Francia y el Sacro Imperio— es un viaje iniciático al corazón vivo y más antiguo al mismo tiempo de la construcción política de Europa. Para los Sarkozy y los Merkel se trata de una comunión histórica. ¿Cómo olvidar la importancia que tendrán las indumentarias de «Frau Merkel», «Mrs. Obama» y «Mme. Sarkozy» en la puesta en escena del ritual trasatlántico..?

