Actualizado Jueves, 02-04-09 a las 23:40
Cerca de veinte senadores norteamericanos de ambos partidos luchan por levantar las restricciones que los ciudadanos de Estados Unidos padecen desde hace 47 años para viajar a Cuba. Todo indica que la guerra fría del Caribe toca a su fin. Incluso entre el exilio cubano en Miami y entre expresos políticos del castrismo empieza a cundir la impresión de que esta vez sí se va a acabar el desencuentro.
La novedad no es tanto que el martes pasado en el Senado y ayer en la Cámara de Representantes se promoviera la “Ley para la Libertad de Viajar a Cuba”: hace dos años ya se promovió una iniciativa de este tipo, y el presidente George W. Bush la ahogó en la cuna. Esta vez sí parece que se da un entorno político favorable. Barack Obama ya anunció en campaña su intención de suavizar las relaciones con La Habana ante la constatación de que casi cinco décadas de embargo no han hecho mella en el régimen castrista.
En la actualidad viajar a Cuba desde Estados Unidos es una ordalía. Sólo los cubano-americanos tienen autorizada una visita al año. También se hacen excepciones con colectivos especiales como periodistas, académicos, atletas y funcionarios del gobierno. Pero nadie más puede viajar directamente sin pedir permiso a la Oficina para el Control de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro. Los infractores se arriesgan a fuertes multas.
Otra cosa es que en la práctica haya un coladero de idas y venidas. Organizaciones como Global Exchange, fundada por la activista de izquierdas de Long Island Susie Benjamín (auto-rebautizada Medea Benjamin cuando se casó con el seleccionador nacional de béisbol cubano) se dedican desde 1989 a “sacar” americanos hacia Cuba con tanto entusiasmo como los balseros sacan cubanos hacia América. El nivel es muy otro, por supuesto. Una ruta clásica es a través de Canadá o cualquier otro tercer país “neutral” y lo bastante comprensivo como para no estampar visados comprometedores en los pasaportes de los transgresores.
Según estimaciones de Global Exchange, cada año viajan en la práctica a Cuba unos 100.000 estadounidenses, el 80 por ciento de ellos sin permiso. En ocasiones el relajo es tanto que el mismísimo gobernador republicano de California, Arnold Schwarnegger, se ha exhibido fumando ostentosamente en público un puro habano. Con lo prohibidísimo que está, so pretexto de no contribuir a la prosperidad material de la dictadura castrista. Definitivamente los tiempos están cambiando.

