T.S. Eliot rechazó «Rebelión en la granja» por trotskista
El poeta y premio Nobel T. S. Eliot /ABC
Actualizado Martes, 31-03-09 a las 17:35
Que los cerdos —los comunistas— fueran más listos que el resto de los animales y que sin ellos no hubiera posible dirección en la granja, era lo que no convencía a T. S. Eliot. Una cosa era criticar a los estalinistas y otra dar la razón a los trotskistas. «No es convincente», escribió Eliot a George Orwell al rechazar en 1944 la publicación de «Rebelión en la granja» en la editorial Faber and Faber, en la que el poeta era uno de los directivos. La alegoría de Orwell sería publicada al año siguiente por Secker & Warburg.
En una carta dada a conocer ahora por la viuda de Eliot, éste admitía que la fábula estaba «bien escrita» y presentaba una «integridad fundamental». Pero criticar a la URSS de Stalin en un momento en que era aliado de guerra del Reino Unido en contra del nazismo era asunto delicado; en todo caso, en opinión de Eliot, quien ganaría el Premio Nobel de Literatura en 1948, la crítica no debía sostenerse desde el trotskismo.
«No estamos convencidos de que éste sea el correcto punto de vista desde el que criticar la situación política del tiempo presente», escribió. Reconocía que «es ciertamente el deber de toda editorial que pretenda otros intereses y motivos que la mera prosperidad comercial el publicar libros que vayan contra la corriente del momento», pero añadía que no creía que «esto sea lo que necesita ser dicho en este momento». El punto de vista de Orwell en su relato, «que tomo por ser trotskista, no es convincente», concluía Eliot.
En «Rebelión en la granja», el cerdo Napoleón, dibujado con los contornos personales y políticos de Josef Stalin, triunfa a pesar de ser el malo de la novela. Napoleón se enfrenta a Snowball, un cerdo mucho más simpático, basado en Leon Trotsky, que genuinamente se esfuerza en el bien de los demás animales. En «Homenaje a Cataluña», obra publicada en 1938, Orwell ya había presentado las purgas de los estalinistas contra los trotskistas del POUM, de las que había sido testigo como voluntario en las Brigadas Internacionales.
«Después de todo», escribió Eliot en su carta de rechazo del original, «sus cerdos son mucho más inteligentes que los otros animales, y por eso los mejor cualificados para llevar la granja. De hecho, no podría haber habido en absoluto una Granja Animal sin ellos: así que lo que se necesitaba (alguien podría argumentar) no era más comunismo sino más cerdos con inspiración pública».

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