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«Cada vez hay más adolescentes perpetuos que no saben crecer»
Lunes, 30-03-09
«El proceso educativo de nuestros niños y jóvenes es, en general, insuficiente en lo que se refiere a aspectos básicos de su formación como la responsabilidad», asegura Valentín Martínez-Otero, psicólogo y pedagogo y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense.
Martínez-Otero comenta acerca del proceso educativo que «no se presta la debida atención al cultivo de las actitudes y valores». En nuestros días, la asunción de responsabilidades «es tardía» y se advierte «inseguridad, confusión, inestabilidad y aplazamiento de proyectos» en muchos chicos y chicas.
Ante la posibilidad de que de esta manera estemos dejando a nuestros jóvenes en una permanente adolescencia, el doctor Martínez-Otero asegura que «desde una perspectiva psicosocial, se están adelantando, en general, ciertos comportamientos de riesgo, por ejemplo, consumo de tabaco, alcohol y otras drogas, así como conductas sexuales imprudentes»,
Todo esto lleva a que «al retrasarse la inserción plena de los adolescentes en el mundo de los adultos, un número significativo de personas queden anclados en una suerte de adolescencia permanente». Sucede que «hoy, el «síndrome de Peter Pan» designa al cada vez mayor número de «adolescentes perpetuos" que no quieren o no saben crecer».
¿Y los padres? ¿Son sobreprotectores? «Hay de todo. en unos predomina la permisividad, en otros el autoritarismo y en otros la sobreprotección, los tres igualmente desaconsejables». Lo deseable «es el estilo parental participativo, dialogante y estimulante. Es el estilo más apropiado que fomenta la autoestima en los hijos, la responsabilidad, el equilibrio y la maduración».
Ante la pregunta de si tenemos una sociedad inmadura, el psico-pedagogo complutense responde afirmativamente, aunque matiza que «en algunos aspectos, por ejemplo, de carácter moral-ético». En realidad, «la nuestra es una sociedad desequilibrada, con alto progreso técnico, pero mucho menos desarrollada en el plano humano-social». En definitiva, «la educación no está a la altura de los tiempos y crece la desorientación vital». Esto se plasma en «más «jóvenes-veleta» con conducta inercial y arriesgada, teledirigidos, abocados a problemas como adicciones, enfermedades de transmisión sexual, violencia o sufrimiento».
Por ello y para evitar problemas, el proceso educativo «ha de ser integral», esto es, «igualmente atento a las vertientes cognitiva, emocional, social, moral, física y espiritual del adolescente o joven».
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