Valoración:
Actualizado Lunes, 30-03-09 a las 08:44
Mónaco volvió a revivir el pasado sábado el glamour de los tiempos de Grace Kelly, fundadora del famoso baile benéfico más importante del mundo, instituido en 1964, en la primera y más esperada fiesta mundana de la agenda monegasca. Después de que la gala del año pasado se dedicara a la Movida madrileña, el Baile de la Rosa se ha rendido en esta ocasión al Rock & Roll, personificado en la figura del legendario Chuck Berry y su guitarra mágica.
El príncipe Alberto, en compañía de su «eterna» novia, la nadadora Charlene Wittstock, fue el encargado de presidir la celebración junto a su hermana la princesa Carolina, que asistió con sus hijos Pierre y Carlota Casiraghi. La serena belleza de la joven, vestida con un elegante traje negro con escote palabra de honor, llamó poderosamente la atención cuando apareció del brazo de su hermano pequeño. Por su parte, Charlene, que lucía un ceñido traje negro de pronunciado escote en forma de corazón, sorprendió con un peinado casi punkie. Pero la originalidad llegó del brazo de Carolina, de blanco roto, con un bolso modelo casco de moto antiguo lleno de rosas rojas y pulseras confeccionadas con corchos de botellas de champán. De nuevo, la princesa Estefanía optó por no asistir, mientras que Ernesto de Hannover se quedó en casa convaleciente de una operación.
En la Sala de las Estrellas del Sporting Club, cubierta de paredes de cemento, toldos de plásticos, paneles luminosos, telones pintados como chapa ondulada oxidada y manteles de tela vaquera, los 800 invitados de honor, previo pago de 750 euros, fueron recibidos en un ambiente de «garage» que desentonaba bastante con sus elegantes trajes y vestidos de gala.
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...
<% Server.Execute("/comunabc/repositorywidgets/pestanialomas.asp")%>
Facebook ABC.es
ABC.es on Facebook