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Los idus de marzo
Viernes, 27-03-09
AL tripartito catalán le crecen los problemas. Si hablamos de la financiación autonómica, parece difícil que Rodríguez Zapatero ofrezca una cantidad aceptable para quienes gobiernan la Generalitat. Podríamos continuar con la actuación de unos Mossos que, al parecer, no supieron distinguir entre violentos manifestantes antisistema y pacíficos periodistas. Y ahí están unos maestros y profesores de enseñanza primaria y secundaria que salen a la calle para pedir la dimisión del consejero Ernest Maragall.
Mientras tanto, pese a los viajes del Govern por el ancho mundo, a las multinacionales del automóvil les cuesta permanecer en Cataluña. Y como el horno aún admite más bollos con lo caliente que está, el consejero de Cultura propone el doblaje de películas al catalán por decreto así como la creación, también por decreto, de una red de cines públicos -o nacionalizados- que exhiban películas en catalana lengua. Y surgen las quejas de productores, distribuidores, exhibidores y dobladores. ¿Otras críticas y quejas más o menos sutilmente escuchadas en el ruedo de la política catalana? Recuerden, por ejemplo, declaraciones de políticos pertenecientes a los partidos con mando en plaza: un presidente Montilla que apoya a los Mossos pero ni siquiera menciona al consejero Saura o un consejero Baltasar que asegura que la actuación de los Mossos recuerda a la de los grises en pleno franquismo.
Por lo demás, algunos diputados de la fiel infantería parlamentaria catalana y europea ecosocialista también alzan la voz para quejarse de la situación y, quizá, para sacar provecho cuando se confeccionen las futuras listas electorales. Los idus de marzo, sin duda. Con una diferencia: en Cataluña no hay -oposición incluida- ninguna conspiración contra Cayo Julio César. O, por mejor decir, los conspiradores de entonces -que también eran tres: Marco Junio Bruto, Décimo Bruto y Cayo Casio Longino- están hoy en el Govern y -paradojas de la política- están conspirando contra sí mismos en beneficio -otra paradoja- propio.
El origen de los problemas está en un Govern que exige lo que difícilmente se puede obtener (una financiación fuerte), no sabe administrar la realidad que le ha tocado en suerte o en desgracia (crisis económica, profesorado, okupas supuestamente universitarios, orden público), se empeña en crear el conflicto donde antes no existía (la apuesta por el nacionalismo cinematográfico).
Lo más curioso del caso es que uno empieza a sospechar que al Govern no le pasará nada. ¿Qué ocurre aquí? Lo de siempre y algo más. Lo de siempre es el victimismo que culpa al Estado y al españolismo. Y el algo más es ese chivo expiatorio llamado Joan Saura -sus méritos ha hecho para jugar el papel- al que se le culpa de casi todo olvidando que las decisiones gubernamentales son compartidas y solidarias. ¿El futuro del Govern? Atado de pies y manos -no se puede cesar a Joan Saura, porque peligraría el tripartito-, resistirá lo que pueda y un poco más. Todo por la silla, como siempre.
Miquel
Porta Perales
EL OASIS CATALÁN
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