Jueves, 26-03-09
EL presidente del Gobierno echó nuevamente mano del recuerdo de Irak para eludir la desastrosa gestión política y diplomática del repliegue de las tropas españolas destinadas en Kosovo. Resulta incluso admisible que la discordia política acoja estos argumentos de ida y vuelta entre Gobierno y oposición, pero que Rodríguez Zapatero enfrente el caso de Irak con el de Kosovo utilizando la legalidad internacional -de la que se erige en abanderado- es un verdadero sarcasmo. Por lo pronto, el presidente del Gobierno sabe que desde octubre de 2003, como mínimo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas viene avalando la intervención aliada en Irak. Puede Zapatero no sentirse concernido por la posición del Gobierno español en esas fechas. Pero Zapatero sí está vinculado a sus propias decisiones porque, aunque se lo negara al líder del PP, Mariano Rajoy, durante el debate televisado de las elecciones de 2008, su Gobierno votó, el 8 de junio de 2004, a favor de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (la resolución número 1546) que instaba a la comunidad internacional a mandar tropas a Irak y legitimaba definitivamente la intervención militar en este país, mediante la conversión de la coalición aliada, dirigida por Estados Unidos, en fuerza multinacional con mandato de la ONU. Guste o no, así sucedió. Y trate Zapatero o no de crear una cortina de humo para confundir a la opinión pública, esa es la realidad.
En Kosovo, donde al parecer, según se desprende de la réplica de Zapatero al PP, se respetó a carta cabal la legalidad internacional, la OTAN ordenó en marzo de 1999 una campaña de bombardeos aéreos masivos, con participación directa de la aviación española, contra Serbia sin mandato ni autorización de Naciones Unidas, porque el veto de Rusia estaba asegurado. Entonces, la OTAN explicó que en Kosovo se estaban cometiendo crímenes contra la humanidad y que también existía legalidad internacional fuera de la ONU. Aquellos ataques aéreos duraron dos meses y medio y sólo después de la retirada de las tropas serbias decidió la ONU asumir el control de la zona.
La legalidad internacional es un argumento de quita y pon en el discurso del Gobierno, y lo mismo sirve para irse de Irak a la carrera que para justificar un portazo a los aliados en Kosovo, cuya independencia no acepta el Ejecutivo español. Sólo así se explican el rumbo errático en aspectos esenciales de la política exterior y la notable pérdida de influencia y de peso específico de España entre los países de nuestro entorno bajo el mandato de este Gobierno. En efecto, los gestos y actitudes del Gobierno de Rodríguez Zapatero, y su forma de entender la política como un mero instrumento para lograr falsos réditos de imagen a corto plazo, acreditan que su palabra no es fiable. Sea cuando sea que concluya su mandato, Zapatero difícilmente podrá ser considerado dentro y fuera de España como un hombre de Estado. La imagen de descoordinación de la acción de su Gobierno que está ofreciendo a la opinión pública internacional, unida a la demagogia con que todo lo adorna -véase ahora la equiparación Irak-Kosovo para cargarse de razones-, son demoledoras para los intereses de España. Y las facturas siempre se pasan al cobro.

