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Londres ha abierto dos nuevos espacios dedicados a la música: el Britsh Music Experience, en The O2, y unas salas especiales permanentes en el Victoria & Albert Museum
Pop & rock, del escenario al museo
The Cure tiene su espacio en el British Music Experience de Londres /ABC
Actualizado Lunes, 23-03-09 a las 09:47
De los pantalones de peto de terciopelo blanco y diamantes, de Mick Jagger, al vestido de falda holgada de Amy Winehouse. El pop y el rock tienen dos nuevos altares en Londres: un nuevo museo dedicado a la música británica del último medio siglo, y unas galerías permanentes en el V&A consagradas al teatro y al escenario. Ambos reúnen numerosa «memorabilia» de las estrellas —una colección de las creativas gafas de Elton John, las contestarias ropas de Sex Pistols, objetos del tocador de Kylie Minogue...—, pero su contenido va más allá del santuario con hornacinas de famosos.
British Music Experience (BME) ha abierto en The O2, la enorme carpa a orillas del Támesis que se ha convertido en la arena musical más concurrida del planeta. Se le puede sacar bastante partido a las 15 libras que cuesta la entrada, aunque sólo sea viendo clips musicales y escuchando con auriculares las canciones de los grupos preferidos en las pantallas interactivas que existen a lo largo de todo el museo. Un recorrido histórico presenta las décadas prodigiosas de la música británica, desde los Beatles hasta los Arctic Monkyes. En una sala final, el visitante queda envuelto por proyecciones en las paredes de imágenes de conciertos multitudinarios, como uno de Queen mientras Freddie Mercury, con el torso desnudo, entona el «We are the champions».
Las vitrinas acogen objetos en gran parte regalados o prestados por los cantantes. David Bowie, por ejemplo, ha cedido diversas pertenencias suyas, como el traje Ziggy Stardust, una de las vestimentas de la era de su álbum «Young Americans», y letras originales de canciones. También está el traje que Roger Daltrey, de The Who, llevó sobre el escenario de Woodstock.
Lecciones de McCartney
British Music Experience incluye un estudio en el que se pueden tocar instrumentos, con guitarras eléctricas y baterías accesibles al público. A través de un vídeo, Paul McCartney da algunas lecciones sobre los acordes de sus más conocidos temas.
También hay donde bailar, esta vez con el auxilio de una de las actrices del musical «Mamma Mia!». Se elige tipo de música y entonces el suelo comienza a retumbar al ritmo seleccionado, como obligando a los pies a moverse de acuerdo con esas vibraciones. Unas paredes protegen al vergonzoso de la vista del resto de visitantes.
En el Victoria & Albert Museum, lo más glamouroso son los pantalones que Mick Jagger llevó sobre el escenario en 1972, diseñados por Ossie Clark, y las esponjas utilizadas por Kylie Minogue para polvorearse la cara durante su gira «Showgirl» de 2007.
Pero, en realidad, estas nuevas salas del V&A hacen sobre todo un repaso de la historia del teatro inglés, desde William Shakespeare a «Equus», la obra de Peter Shaffer en la que Daniel Radcliffe, el progatonista de Harry Potter, correteaba desnudo ante el público, y de la que se exhiben algunos de los armazones de caballo utilizados en la producción.
Un interesante documento expuesto es el libro que lleva la contabilidad de la taquilla de «La importancia de llamarse Ernesto», cuando se representaba en el St. James's Theatre de Londres. Las cifras hablan de un gran éxito de público hasta que Oscar Wilde se vio implicado en el juicio de libelo del Marqués de Queensberry, que llevó al arresto del escritor por «gran indecencia». Cuando el nombre de Wilde fue eliminado de los carteles publicitarios, el número de espectadores volvió a crecer. La apertura de estas galerías se produce dos años después de la clausura del Museo del Teatro que en el West End regentaba el V&A, y que tuvo que cerrarse por escasez de visitantes.
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