SI hay un rasgo definitorio de Francisco Camps es la pasión por su familia. Casado con Isabel Bas, farmacéutica de profesión, el matrimonio, con tres hijos, conforma un modelo nada extraordinario en este sentido. Juega con sus hijos al tenis, su esposa acude todos los días a pie a su puesto de trabajo... nada del otro mundo. Resulta muy frecuente verlos por cualquier calle de la ciudad de Valencia, más allá de los actos públicos e institucionales propios de la responsabilidad de Camps como presidente autonómico.
Este es el punto débil del presidente valenciano, su familia: el que le ha contrariado enormemente a raíz de la historia de los trajes. Ha hablado con sus hijos de ello, les ha transmitido su pleno convencimiento de que, al final, todo se revelará una gran «insidia». Según sus próximos, no es precisamente de los que se llevan el trabajo a casa, pero esta conversación ha resultado conveniente.
En clase turista
Últimamente, tanto él como los suyos están «abrumados» por las muestras de apoyo recibidos por los ciudadanos. Lo de «adelante, Paco» que le dicen, es cierto, rigurosamente cierto. El público congregado en la plaza del Ayuntamiento durante las pasadas fiestas de Fallas le mostró su respaldo de forma espontánea el pasado 19 de marzo. A la farmacia de su mujer, situada en pleno centro de la ciudad, llegan cada día decenas de mensajes que dan cuenta del crédito y la popularidad de alguien que lleva la normalidad por bandera.
Normalidad y austeridad, por ejemplo en los viajes. Han sido numerosas las ocasiones en las que la familia Camps ha sido vista por cualquier valenciano en algún aeropuerto europeo, esperando turno en la ventanilla de clase turista. Lo mismo ocurrió cuando la Copa América llegó a Valencia: guardaron cola como el resto que quería ver de cerca la Jarra de las cien guineas.
En Mestalla, el estadio de fútbol del Valencia, es raro ver a Camps si no es compañía de su hijo mayor, en la localidad que le corresponde como socio que es del club mucho antes de ser elegido presidente autonómico.
Otra de las aficiones del jefe del Gobierno regional es hacer excursiones con ellos en coche. En este caso, pocos son los enterados del destino que escoge. Lo que sí es seguro es que el domingo por la noche ya está ultimando la agenda del día siguiente, esa ristra inacabable de actividad que exige su responsabilidad institucional.