En la década de los 80, el robo de radiocasetes de los coches se convirtió en «deporte nacional» hasta que España mejoró su nivel de vida y esa modalidad delictiva quedó en el olvido. Ahora vuelven los robos en los coches, pero se buscan navegadores
Cada 20 coches, un navegador. Este es el promedio que manejan los herederos de los ladrones de radiocasetes, los populares «loros», que han irrumpido con una fuerza inusitada coincidiendo con la crisis económica. Como es lógico, son los grandes núcleos urbanos los que más sufren esta plaga, donde a diario se amontonan las denuncias. «Eligen una calle de un distrito de clase media y en pocos minutos actúan», explican los responsables policiales consultados por ABC. «Rompen la ventanilla delantera derecha, abren la guantera y si encuentran el navegador o agún otro objeto de cierto valor, como los DVD portátiles o unas gafas de sol, se lo llevan. Si no es así, continúan con el siguiente coche. Saben que cuando hayan abierto en torno a una veintena lograrán su botín, que de inmediato venden. Por un navegador se pagan unos 80 euros; lo necesario para una dosis de droga, pues son los toxicómanos los principales protagonistas de esta actividad delictiva».
Combatir este fenómeno es difícil, porque apenas están unos minutos en la calle elegida, y sólo se puede paliar el problema con una mayor presencia policial, que les disuade de sus propósitos. Aunque es evidente que si sienten cerca la presencia de los agentes cambian de zona, por lo que el problema no desaparece, sino que se traslada.
Pero no es esta la única nueva forma de delincuencia asociada a la crisis. En Madrid, tal como ha informado ya ABC, se está produciendo una curiosa alianza entre toxicómanos y personas con dificultades económicas, de modo que los primeros roban en los supermercados mercancías que venden a los segundos a mitad de precio. Incluso, se llega al «robo a la carta», de modo que el «cliente» pide a los delincuentes los artículos que necesita para ese día concreto.
Nuevos delincuentes
Y junto a este tipo de criminalidad también han comenzado a surgir nuevos delincuentes, primerizos, que actúan para hacer frente a su precaria situación económica y que parecen actuar por imitación de lo que ven en televisión. Es el caso de un empresario de Lérida del sector de la cosntrucción, Ausencio C. G., de 52 años y sin antecedentes, que acosado por las deudas se dedicó a atracar bancos para, según dijo, pagar a los acreedores. Añadió que la idea le surgió al ver el caso de Jaime Jiménez Arbe, «el Solitario».
Este hombre, según los investigadores, actuaba siempre con gran meticulosidad, buscando sucursales bancarias aisladas y con un solo empleado, preferentemente una mujer, y evitaba dejar huellas poniendo esparadrapo en sus dedos. Cuando fue detenido, el empresario se disponía a atracar una entidad armado con una navaja y un revólver.
Los atracos empezaron el 5 de septiembre en Albatàrrec (Lérida) y continuaron hasta el 23 de enero en Artesa y Alpicat, ambos de Lérida, y Peñalva (Huesca). Las fuentes consultadas explican que aunque el medio de coacción empleado es importante, es muy poco probable que el hombre hubiera sido capaz de herir a alguien. «Para robar apenas 80 euros en una gasolinera esgrimen un arma, supuestamente de fogueo, y actúan con una gran inexperiencia».
Particularmente anecdótico resultó el atraco a un gasolinero extremeño ocurrido hace unas semanas. El delincuente llegó en su coche y pidió que le llenaran el depósito. Cuando el empleado sacó la manguera del surtidor el desconocido sacó su mechero y amenazó con encenderlo para que la asustada víctima le entregase unos euros.
Y también relacionado con el combustible está el caso descubierto por la Guardia Civil de Madrid, que desarticuló hace sólo unos días una banda que, entre otras actividades, se dedicaba a vender combustible a bajo precio que obtenía gracias al «pinchazo» que hizo en un oleoducto que discurre por la zona sur de Madrid. No es la primera vez que estos sucesos se producen en esta comunidad.

