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El sector financiero norteamericano recibió ayer con dramatismo la nueva ley para que el fisco se cebe en el 90% de las primas cobradas por ejecutivos de empresas en las que el Gobierno haya inyectado 5.000 millones de dólares. Aunque la medida está diseñada para AIG, afectará como poco a once empresas más, entre ellas Goldman Sach, Freddie Mac y Fannie Mae. En cambio quedan «a salvo» 2.500 millones en concepto de primas pagadas por Merrill Lynch.
Este tipo de primas se pagan típicamente en el mes de enero. Por eso la ley es retroactiva hasta el 31 de diciembre de 2008. Pero Merrill Lynch adelantó en el tiempo parte de sus pagos ante la inminencia de la fusión con Bank of America, con lo cual a los ejecutivos beneficiados no se les puede reclamar ninguna cantidad.
Es sólo un ejemplo de las imperfecciones de esta ley hecha con apresuramiento y en pleno furor popular y político. En muchas mansiones de Connecticut se ha doblado la vigilancia privada y la policial. Otros argumentan que desde el momento en que la ley se aplica a las rentas familiares de más de 250.000 dólares -el umbral de la riqueza según Barack Obama-, puede afectar a más familias de las que parece.
Competencia desleal
Eso sin contar con que las empresas norteamericanas ya se quejan de la competencia desleal de las extranjeras, que pueden pagar todas las primas que quieran. Ha empezado la guerra de los cazatalentos. El mismo Obama pasó de apoyar con entusiasmo la nueva ley a mantener una posición algo más fría en el programa televisivo de Jay Leno.
El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, aportó ayer su propio grano de arena al defender públicamente los rescates gubernamentales de grandes bancos. Y un último mensaje a los mercados: el juez tumbó la apelación de Bernard Madoff contra su prisión preventiva sin fianza. Seguirá esperando la sentencia entre rejas.
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