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Amy Winehouse, en mejor estado (dentro de lo que cabe) ante el juez
Como debía estar hasta el moño de sí misma, pero sobre todo de Blake Fielder Civil, su marido, Amy Winehouse se fue una temporadita al Caribe y eso, ya saben, aunque sea un todo incluido (que no es el caso) siempre es mano de santo. No es que la genial cantante se haya convertido en una bendita, pero ayer tuvo que comparecer en un juzgado de Londres y no la armó ni le zurró la badana a nadie, ni se comió ningún carrete de fotos, tenía mejor aspecto que nunca (dentro de lo que cabe, que tampoco es mucho) ni lanzó sapos ni culebras por esa boquita con la que además de cantar como los ángeles (angelitos negros, claro) pone en su sitio a quien se le ponga por delante.
Winehouse acudió al juzgado para declarar sobre un incidente protagonizado hace unos meses, cuando al concluir un acto benéfico habría dado un par de «yoyas» a una admiradora cuando ésta le hizo una foto, algo que la propia cantante habría autorizado. El juzgado de la capital londinense fue el de Westminster, de evidentes resonancias catedralicias, y la vista apenas duró diez minutos pues se ha aplazado hasta julio, pero en él Amy tuvo tiempo de declararse inocente, según informa Otr.
La denuncia fue presentada a finales de año por una muchacha llamada Sherene Flash, que se llevó un flashazo, valga la redundancia, cuando el flash de su cámara, valga otra vez la redundancia, impactó en los ojos y la cara de Amy. Aquel día, parece que Winehouse había desayunado bien, sustanciosamente, porque según el diario «Evening Standard» también habría escupido a la novia del Príncipe Guillermo y, ya puestos, le dio un cabezazo al fotógrafo de la fiesta. Tantas puñadas le valieron a Amy Winehouse pasarse una temporadita en libertad condicional y que se le negara el visado para viajar a la gala de los Grammy, en Estados Unidos.
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