Una historia de escisiones
Las escisiones han sido una constante en el movimiento republicano irlandés. El propio IRA, oficialmente denominado IRA Provisional (PIRA), fue una escisión aparecida en 1969 liderada por jóvenes que deseaban una respuesta más contundente a la situación del Ulster que la que estaban dando los cuadros anticuados y alertagados del IRA histórico, creado a principios de siglo para batirse contra las tropas británicas por la independencia de Irlanda. La aceptación del pragmatismo por la corriente mayoritaria ha sido siempre contestada por los elementos más radicales.
El julio de 2005, el IRA declaró el fin de su campaña terrorista. «Estamos seguros», afirmaba la Comisión de Seguimiento del proceso de paz, «que el IRA Provisional está comprometido en seguir un camino exclusivamente político, que no está envuelto en ningún tipo de actividad terrorista y que los llamados departamentos «militares» han sido disueltos».
Actualizado Domingo, 15-03-09 a las 06:09
CIRA still at war. Adornada con la silueta en negro de dos francotiradores, la pintada proclama que el IRA Continuidad sigue «aún en guerra». Cubre un muro próximo al lugar donde el lunes por la noche fue acribillado el agente Stephen Carroll, en la población norirlandesa de Craigavon. Carroll ha sido el primer policía asesinado por terroristas desde la firma de los Acuerdos de Viernes Santo de 1998. Dos días antes, otro grupo disidente, el IRA Auténtico, acabó con la vida de dos soldados, en el primer atentado mortal contra el Ejército desde que se proclamó la paz.
¿Una vuelta al sangriento pasado, a esas tres décadas con más de tres mil muertos? Pocos creen en Irlanda del Norte que aquello pueda repetirse. El párroco de Santa Teresa, iglesia situada junto al colegio electoral en el que siempre vota el líder del Sinn Fein, Gerry Adams, en una zona de abrumador dominio republicano en Belfast Oeste, descarta que se vaya a volver a los «troubles», como aquí se conoce el conflicto del Ulster. «Los disidentes son una minoría», insiste. Probablemente no suman más de 150 activistas, nada que ver con la fortaleza que en su día tuvo el IRA, que pudo contar entre 1.000 y 1.500 miembros activos, amén del aliento que encontraron en la comunidad católica. «Hoy los católicos tienen reconocidos sus derechos y están por la paz», asegura el párroco.
Con todo, el IRA Auténtico y el IRA Continuidad, grupos escindidos del hoy desactivado IRA por estar en desacuerdo con cualquier compromiso mientras la isla de Irlanda siga dividida, «han cruzado el Rubicón» con estos atentados, advierte Richard O'Rawe, terrorista arrepentido del IRA que llegó a estar en el famoso bloque H de la cárcel de Long Kesh. «Esto no puede más que animarles. Se han dicho muchas tonterías sobre si no tienen infraestructura o amplio apoyo. Todo lo que necesitan es un lugar donde esconder unas pocas armas y pueden seguir haciendo esto por años», señala.
De hecho, tal vez hayan cruzado la raya antes, al igual que otros grupúsculos disidentes aún más reducidos. Llevan tiempo utilizando la violencia, implicados en asesinatos relacionados con el contrabando, la falsificación, el robo y el blanqueo de dinero, o en ajustes de cuentas entre sí o entre bandas rivales. Al igual que han estado haciendo las facciones lealistas protestantes.
Desde hace un par de años, la Comisión Independiente de Seguimiento del proceso de paz venía anotando en todos sus informes semestrales el creciente esfuerzo de reclutamiento del IRA Auténtico y del IRA Continuidad. Recientemente ambos grupos habían intensificado sus operaciones para atentar contra las fuerzas de seguridad. Hace un mes pudo interceptarse a tiempo un coche bomba que el IRA Auténtico quería hacer explotar contra un cuartel del Ejército.
Para Shane O'Doherty, otro ex miembro del IRA que en hora temprana colgó las armas, lo esencial en ese salto cualitativo ha sido la captación de gente joven. En su opinión, en estos últimos diez años no se ha hecho pedagogía sobre la maldad intrínseca de la violencia: «El Sinn Fein defendió la firma de los Acuerdos de Paz como mera decisión política, no moral; a los jóvenes, que no conocen directamente aquel triste pasado, no se les ha dado otra razón que la táctica para el fin de la lucha armada, así que ahora elementos de las nuevas generaciones pueden verse cautivados por el afán de aventura, el señuelo de algo excitante y la aspiración de cambiar el mundo».
O'Doherty está seguro de que no habrá involución en el Ulster, porque las razones que podían aducirse hace unas décadas sobre la negación de los derechos civiles de los católicos (segregación social, exclusión laboral, falta de representación política...) han desaparecido. No es sólo que la gente ha comenzado a apreciar los beneficios de la paz, sino que «el único motivo que ahora puede invocarse para coger las armas es la pura cuestión política de provocar a la fuerza la unidad de Irlanda». Claro que para ello siempre habrá alguien dispuesto a matar, gracias además a la compra de nuevo armamento, que ya no es el que los disidentes se llevaron del IRA. «Nos tenemos que acostumbrar al terrorismo, como en el País Vasco», dice.
Las cosas se resisten a cambiar en Irlanda del Norte. Acaban de matar a dos soldados, uno de 23 años y otro de 21, en una acción en la que quedaron heridos otros dos soldados y dos repartidores de pizza (ambos católicos), y lo primero que uno se encuentra al llegar a Belfast es a un taxista que sin disimulo aprueba la acción; no la aplaude alegremente, pero la acepta. Es hermano de Jennifer McCann, diputada del Sinn Fein por Belfast-Oeste, amiga en la juventud de Bobby Sands y su hermana Bernadette, activista del IRA desde los 17 años y condenada a 20 en su día por matar a un policía del Royal Ulster Constabulary (RUC).
Para los McCann, como para la inmensa mayoría de los republicanos, el Ejército británico siempre será un enemigo, «full stop» (y punto). Otra cosa es que, como disciplinados miembros del Sinn Fein, acepten la tesis de su indiscutido líder, Gerry Adams, de que «la guerra ha terminado».
Las cosas se resisten a cambiar, pero avanzan. El Sinn Fein tardó catorce horas en condenar oficialmente el atentado contra el cuartel del Ejército en Massereene, reinvidicado por el IRA Auténtico, y cuando lo hizo utilizó rebuscadas expresiones. Pero la novedad es que por primera vez, hubo una condena del asesinato de militares británicos, algo «absolutamente sin precedentes», como ha precisado Adams.
El Sinn Fein defiende a la Policía
Otro sustancial paso es que el Sinn Fein ha salido claramente en defensa del Servicio de Policía de Irlanda del Norte (PSNI), cuerpo que sustituyó al controvertido RUC. El asesinato de un agente del PSNI, reivindicado por el IRA Continuidad (el agente era católico, por casualidad), provocó una contundunte reacción de Martin McGuinness, número dos del Sinn Fein y del Gobierno del Ulster.
En una comparecencia conjunta con el responsable del PSNI, el comisario jefe Hugh Orde, y el primer ministro norirlandés, el unionista del DUP Peter Robinson, McGuinness calificó a los autores de los atentados de «traidores a toda la isla de Irlanda». Esas palabras han sido alabadas desde las trincheras lealistas y, también por primera vez, una formación como la Ulster Defense Association (UDA), grupo protestante con 260 cadáveres a sus espaldas, ha aplaudido a McGuinness. Igualmente, los paramilitares unionistas de la Ulster Volunteer Force (UVF) dicen estar satisfechos con la reacción del Sinn Fein. La UDA y la UVF aseguran que no van a responder con atentados. Es más. Lo que viene a ser el ala política de la UDA, el UPRG, se ha reunido con el alcalde de Belfast, Tom Harley, del Sinn Fein, cuando nunca ambos partidos habían mantenido conversaciones directas.
Las duras palabras de McGuinness, en realidad, iban más dirigidas a los republicanos que a los unionistas. El temor del Sinn Fein es que la publicidad conseguida por el RIRA y el CIRA, además de incentivar la colaboración que las fuerzas de seguridad han comenzado a detectar entre ambos grupos, pueda provocar un corrimiento del apoyo de las bases católicas.
El hecho de que los últimos atentados se hayan producido cerca del día de San Patricio, patrón de Irlanda, les puede suponer un revés económico en las cuestaciones hechas en EE.UU. entre los descendientes de irlandeses. Así lo advierte el terrorista arrepentido Shane O'Doherty. En EE.UU. no sólo estarán estos días Robinson y McGuinness en representación del Gobierno norirlandés, sino activistas de los grupos disidentes, con sus respectivas tarjetas de presentación.
El IRA Continuidad es el más antiguo de los principales grupos disidentes. Se calcula que tiene alrededor de cincuenta miembros. Aunque la militancia pude haber aumentado recientemente, quedaría por debajo de los ochenta activistas. El grupo se formó como una escisión del IRA en 1986, cuando discusiones internas en el Sinn Fein provocaron la salida de varios cuadros de este partido en desacuerdo con la decisión de reconocer la legitimidad del Parlamento irlandés y permitir que los diputados electos tomaran posesión del escaño en Dublín. Los escindidos formaron el Sinn Fein Republicano y constituyeron su propio brazo armado. Durante varios años el CIRA estuvo prácticamente inactivo, hasta que el alto el fuego del IRA galvanizó a quienes querían continuar la violencia y en 1996 puso una potente bomba en un hotel. Se cree que su militancia se concentra en los condados de Fermanagh y Armagh, con una unidad también en el norte de Belfast.
En el último informe de la Comisión Independiente de Seguimiento del proceso de paz se concluía que el grupo «tiene potencial para un mayor nivel de violencia; constituye una amenaza muy grave». Premonitoriamente se destacaba que el CIRA había centrado sus esfuerzos en ataques a miembros del PSNI que podían haber supuesto pérdidas de vidas, algo que finalmente estos terroristas han logrado.
El IRA Auténtico es la mayor de las facciones disidentes, aunque sus cuadros podrían sumar sólo unas cien personas. Al parecer cuenta con unidades en Belfast, Derry y en el sur de los condados de Antrim y Armagh. Fue formado en una segunda escisión del IRA ocurrida en 1997, cuando una minoría de miembros se opuso a la renuncia de la violencia que impulsaba el Sinn Fein para firmar los acuerdos de paz del año siguiente. Esa ruptura fue liderada por Michael McKevitt, uno de los miembros de la cúpula del IRA y cuñado de Bobby Sands. Como jefe de intendencia del IRA, McKevitt se llevó consigo parte del armamento de la organización. Con abundancia de explosivos, el RIRA respondió a los Acuerdos de Viernes Santo con el atroz atentado de agosto de 1998 en Omagh, en el que murieron 29 personas, entre ellas dos turistas españoles. El impacto de ese atentado llevó a un alto el fuego provisional, que la organización luego rompió, aunque ya algo debilitada, con McKevitt y otros de sus terroristas en la cárcel.
En noviembre, la Comisión de Seguimiento advertía que el RIRA estaba haciendo esfuerzos por «reclutar miembros y entrenarlos en el manejo de armas y manufactura» de explosivos, y constituía una «amenaza» para la vida de las personas.
Las fuerzas de seguridad listan como tercer grupo en peligrosidad al Óglaigh na hÉireann (ONH). El nombre en realidad es la denominación oficial en gaélico de las Fuerzas Armadas de Irlanda. Es una escisión del IRA Continuidad producida en 2006, y supone una «continuada y grave amenaza, también para la vida de miembros de las fuerzas de seguridad».
A todas estas siglas en el campo de la violencia republicana hay que sumar las del INLA y el IRLA.
Ejército Irlandés de Liberación Nacional, nacido en los años 70, «ha sido menos activo en los últimos seis meses, salvo en el caso del crimen organizado; concluimos que es éste el que constituye su principal propósito», según señala el informe de la Comisión. El Ejército Republicano Irlandés de Liberación «continúa existiendo, aunque creemos que esencialmente es un grupo de criminales enarbolando la bandera del republicanismo con el fin de dar un cierto estatus a sus actividades».

