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Cuatro bolas del bombo de los cuartos de final de la Liga de Campeones desprenden un inconfundible aroma inglés, un homenaje a las raíces de un deporte globalizado que por contra pone barreras insuperables al tacaño Calcio, al que únicamente le aguanta el Udinese en la UEFA del bochornoso estrépito continental. Es la hegemonía británica, que manda imponente ante las medianías de otros países que no logran adaptar sus estilos a las tendencias actuales.
Manchester United -vigente campeón-, Chelsea -finalista-, Liverpool -semifinalista- y Arsenal son el orgullo de Inglaterra, un país que se consuela con fardar de clubes a falta de resultados de selección. Sin embargo, entre los cuatro equipos apenas suman jugadores ingleses suficientes como para presentar una plantilla competitiva. El dinero extranjero que llega a la Premier abre las fronteras al fútbol del más allá y lo local se pierde entre la nada, precisamente motivo principal del mal trayecto que ha tomado el combinado nacional.
El Arsenal juega sin nativos
Destaca el caso del Arsenal, que se ha acostumbrado a jugar casi siempre sin ingleses. Ante el Roma, no hubo ni un nativo en el once inicial y Walcott, saliendo desde el banquillo, fue la única dosis inglesa en un club en el que mandan los galos (hay siete) a petición propia de Wegner. Además de Walcott, sólo hay un inglés más en la plantilla, Justin Hoyte. Exceptuando el Manchester, que tiene a nueve nacionales, tanto el Liverpool como el Chelsea mezclan un sinfín de idiomas en el vestuario. En Anfield, donde predomina el español (cinco), sólo hay tres ingleses. Y en Stamford Bridge, refugio ideal para portugueses (seis), hay uno más que españoles en casa de Rafa Benítez.
España anda a medio camino. No llora como Italia, que ni siquiera se consuela con ser campeona del último Mundial, pero no hace mucho que vivía la situación de Inglaterra. Dos de cuatro se han clasificado en la Liga de Campeones, pero se ha quedado sin representación en la UEFA, torneo que se ha llevado tres veces en los últimos cinco años -Valencia en 2004 y Sevilla por partida doble-.
Vicente del Bosque, seleccionador nacional, comenta en ABC que el panorama no es del todo negativo para nuestro fútbol: «España demuestra que está entre las mejores, tiene a dos de los ocho más fuertes de Europa. Seguro que el éxito inglés tiene que ver con la estructura de los clubes y no hay que olvidar que es uno de los países pioneros, pero no hay tanta diferencia con nosotros y habrá que ver quién es campeón de Europa», defiende. Antonio Núñez, ex jugador del Liverpool, encuentra otras justificaciones: «Es por la forma que tienen de vivir el fútbol, se vuelcan mucho y hacen que los clubes de ahí tengan más capacidad económica y unas instalaciones incomparables. Además, el sentido de la competitividad es otro». Un dato habla por sí solo: en las cuatro últimas finales de la Copa de Europa ha habido, como mínimo, un inglés.
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