
El Gobierno de la «zeja» recabó apoyos entre rostros famosos del arte y la farándula / AP
Actualizado Lunes, 09-03-09 a las 18:31
Esta vez no hubo azotes terroristas de última hora. Ni se equivocaron las encuestas. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, revalidó hace hoy un año la victoria de aquel convulso 14 de marzo de 2004 quedándose a siete escaños de la mayoría absoluta. Junto a su esposa y compañeros de partido, compareció con sus compañeros de partido y cientos de afiliados en la sede madrileña de Ferraz para felicitarse por que los 169 diputados logrados por el Partido Socialista eran suficientes para su investidura. Como así ocurrió, aunque la falta de apoyo inicial a su equipo le obligaron a esperar una segunda votación en la «Cámara de los leones». El 12 de abril de 2008, Zapatero juró su cargo como presidente electo por segunda vez ante el Rey y dos días después lo hicieron sus ministros, con ocho hombres y nueve mujeres que hacían del suyo el primer gabinete de gobierno plenamente paritario.
En ese equipo, sobresalían varios nombres: la cartera de Industria reservada para un hombre fracasado en la convocatoria regional de Madrid, Miguel Sebastián, pero fiel acólito del presidente Zapatero; el nuevo Ministerio de Igualdad, dedicado a la lucha específica contra la violencia de género y a implementar medidas que apoyasen la equidad en todos los ámbitos, que ocupó la ministra más joven de la democracia española, Bibiana Aído, que ha jalonado con salidas de tono innecesarias y controversias su singladura al frente de este departamento; y Magdalena Álvarez, la ministra más vapuleada por crisis y su gestión de ellas, y cuyo respaldo personal de Zapatero la ha mantenido en el sillón durante los últimos cinco años.
Pero la resaca inicial de la victoria electoral -tras la legislatura «de la crispación» con el PP- pasó y los malos datos económicos empezaron a ver la luz. Renqueante, el presidente socialista prefirió saltar de eufemismo en eufemismo -que la oposición no ha dudado en tildar de «engaños» del presidente del Gobierno y su Ejecutivo-, y ante las previsiones del contexto internacional que avalaban el comienzo de la auténtica crisis económica, Zapatero y su fiel escudero en la economía nacional, Pedro Solbes, se respaldaban en los 400 euros de devolución del IRPF -ampliado a autónomos, pensionistas y jubilados-, la congelación de los sueldos en el Gobierno, la rebaja en el impuesto de sociedades, la inversión extranjera de 16.000 millones en el primer semestre del año o el decrecimiento del paro registrado en la anterior legislatura, mandato también del PSOE en Madrid.
De la «desaceleración» en la economía a comienzos de mayo, Zapatero pasó a mentar el «fuerte ajuste» de la coyuntura económica en nuestro país e, incluso, de las «debilidades» puntuales que manifestaba ésta. Pero en una entrevista concedida a Antena 3 el martes 8 de julio, con alguna reticencia dijo la palabra tabú: «En esta crisis, como ustedes quieren que diga, hay gente que no va a pasar ninguna dificultad», una alusión velada a algunos dirigentes del PP que traslucía, sin embargo, que el presidente admitía finalmente lo que los periódicos nacionales e internacionales daban por hecho desde hacías meses.
La recesión de la economía mundial se hacía oficial a finales de año, pero en el caso español había que sumar otros inconvenientes enquistados en las balanzas anuales: el modelo económico sustentado en los sectores inmobiliario, turístico y automovilístico, todos en caída libre.
Antes de que el presidente utilizase el término «maldito», el equipo económico presentó en junio un paquete de medidas destinadas a paliar la «desaceleración»: 21 medidas como la supresión del Impuesto de Patrimonio para 2008, las devoluciones mensuales del IVA para las empresas o la inyección anunciada a bombo y platillo de 18.000 millones de euros en la economía española. La segunda batería de medidas se presentó el pasado 3 de noviembre y en esta ocasión ya trataba de mitigar el déficit que sufrían las pequeñas y medianas empresas (pymes) y las familias. Con el aura de crisis internacional ya instalado en el planeta, el Ejecutivo buscaba amortiguar el inminente y terrorífico dato del paro con iniciativas «estrella» como el aplazamiento durante dos años del pago del 50 por ciento de la hipoteca de los desempleados. La «sorpresa» arribó cuando el presidente decidió tirar de internet y adelantar la presentación de estas medidas, con visos a contrarrestar el impacto que iba a ocasionar la cifra de desempleo.
El jefe del Ejecutivo anunció también la dotación de 35.000 millones de euros en 2009 y 2010 de las líneas de ayuda del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y del Tesoro Público destinadas a financiar las pymes, así como un «Plan Renove» para la rehabilitación de viviendas e infraestructuras por valor de 2.500 millones de euros. Esto en 2009.
Solbes niega tres veces En el presente año y después de las reiteradas peticiones del PP para que sean o el «quemado» vicepresidente segundo del Gobierno, Pedro Solbes -que además ha negado hasta en tres ocasiones el cargo que ocupa y ha coqueteado con la intención de dimitir- o el propio presidente del Gobierno los que demuestren su «incapacidad» de encarar los malos aires económicos presentando su dimisión, Zapatero compareció en una esperadísima sesión plenaria en el Congreso de los Diputados para anunciar un recorte presupuestario de 1.500 millones de euros que Rajoy había propuesto tres meses antes. Unos días antes, había preferido sondear su imagen pública ante los cien ciudadanos del programa de TVE «Tengo una pregunta para usted» para asegurar que nunca «engañó» sobre la envergadura de la crisis y que la economía es también «un estado de ánimo», así que invitó a la población a esforzarse por remontar los malos datos.
Sin embargo, esas penosas estadísticas no dan tregua y el mes de febrero ha arrojado la mayor sangría de parados de la última década, al filo de las 3,5 millones de personas. El PP volverá a interrogar en el próximo Pleno del miércoles a Zapatero por qué piensa hacer concretamente para frenar el dato, máxime cuando un informe de la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas) publicado hoy augura un millón de parados más para el próximo 2010.
A pesar de ello, preguntada por su balance particular de este primer año desde las elecciones generales, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, dijo ayer que ha sido «razonablemente positivo», aunque reconoció que «ha sido un año duro y difícil para todo el mundo y en todo el mundo». La «número dos» arremetió desde Liberia contra la postura que ha mantenido el principal partido de la oposición y acusó al PP de estar «más preocupado por sus problemas que por los problemas de los españoles».
Como antesala a este año de legislatura, el PSOE ha recibido el varapalo electoral en Galicia, donde han perdido el poder recuperado hace sólo cuatro años por el ya ex secretario del PSdeG, Emilio Pérez Touriño, con cuya dimisión abrió el cisma en el seno del socialismo gallego; mientras podría obtener la cara opuesta de la moneda si logra que el lendakari Ibarretxe se apee del Palacio de Ajuria Enea y deje paso al «cambio» por el que apuesta el candidato socialista Patxi López, en coalición o no con el PP de Antonio Basagoiti. Ese avance en el País Vasco le restará créditos, no obstante, en la Cámara Baja, donde el PSOE se verá obligado a echar mano de los nacionalistas de CiU y otros socios esporádicos si quiere salvar sus propuestas.
Por el momento, las iniciativas económicas han eclipsado las sociales, entre las que el latente debate sobre el suicidio asistido y la eutanasia -que el ministro de Sanidad, Bernat Soria, anticipó en la entrevista a un rotativo el pasado mes de septiembre y que ha quedado tapada por otros acontecimientos- y la anunciada ya reforma de la Ley del Aborto, que permitirá que niñas de 16 años pongan fin a su embarazo sin permiso paterno y el aborto libre hasta las 14 semanas, provocan sendos conflictos con un amplio segmento de la población.
En este año de crisis, con tres referendos ante las urnas, el PSOE se juega su credibilidad ante los electores, someten a la aprobación general su gestión para salir del atolladero económico y financiero y su vigencia al frente del proyecto estatal para otros tres años hasta las generales de 2012.
En ese equipo, sobresalían varios nombres: la cartera de Industria reservada para un hombre fracasado en la convocatoria regional de Madrid, Miguel Sebastián, pero fiel acólito del presidente Zapatero; el nuevo Ministerio de Igualdad, dedicado a la lucha específica contra la violencia de género y a implementar medidas que apoyasen la equidad en todos los ámbitos, que ocupó la ministra más joven de la democracia española, Bibiana Aído, que ha jalonado con salidas de tono innecesarias y controversias su singladura al frente de este departamento; y Magdalena Álvarez, la ministra más vapuleada por crisis y su gestión de ellas, y cuyo respaldo personal de Zapatero la ha mantenido en el sillón durante los últimos cinco años.
Pero la resaca inicial de la victoria electoral -tras la legislatura «de la crispación» con el PP- pasó y los malos datos económicos empezaron a ver la luz. Renqueante, el presidente socialista prefirió saltar de eufemismo en eufemismo -que la oposición no ha dudado en tildar de «engaños» del presidente del Gobierno y su Ejecutivo-, y ante las previsiones del contexto internacional que avalaban el comienzo de la auténtica crisis económica, Zapatero y su fiel escudero en la economía nacional, Pedro Solbes, se respaldaban en los 400 euros de devolución del IRPF -ampliado a autónomos, pensionistas y jubilados-, la congelación de los sueldos en el Gobierno, la rebaja en el impuesto de sociedades, la inversión extranjera de 16.000 millones en el primer semestre del año o el decrecimiento del paro registrado en la anterior legislatura, mandato también del PSOE en Madrid.
De la «desaceleración» en la economía a comienzos de mayo, Zapatero pasó a mentar el «fuerte ajuste» de la coyuntura económica en nuestro país e, incluso, de las «debilidades» puntuales que manifestaba ésta. Pero en una entrevista concedida a Antena 3 el martes 8 de julio, con alguna reticencia dijo la palabra tabú: «En esta crisis, como ustedes quieren que diga, hay gente que no va a pasar ninguna dificultad», una alusión velada a algunos dirigentes del PP que traslucía, sin embargo, que el presidente admitía finalmente lo que los periódicos nacionales e internacionales daban por hecho desde hacías meses.
La recesión de la economía mundial se hacía oficial a finales de año, pero en el caso español había que sumar otros inconvenientes enquistados en las balanzas anuales: el modelo económico sustentado en los sectores inmobiliario, turístico y automovilístico, todos en caída libre.
Antes de que el presidente utilizase el término «maldito», el equipo económico presentó en junio un paquete de medidas destinadas a paliar la «desaceleración»: 21 medidas como la supresión del Impuesto de Patrimonio para 2008, las devoluciones mensuales del IVA para las empresas o la inyección anunciada a bombo y platillo de 18.000 millones de euros en la economía española. La segunda batería de medidas se presentó el pasado 3 de noviembre y en esta ocasión ya trataba de mitigar el déficit que sufrían las pequeñas y medianas empresas (pymes) y las familias. Con el aura de crisis internacional ya instalado en el planeta, el Ejecutivo buscaba amortiguar el inminente y terrorífico dato del paro con iniciativas «estrella» como el aplazamiento durante dos años del pago del 50 por ciento de la hipoteca de los desempleados. La «sorpresa» arribó cuando el presidente decidió tirar de internet y adelantar la presentación de estas medidas, con visos a contrarrestar el impacto que iba a ocasionar la cifra de desempleo.
El jefe del Ejecutivo anunció también la dotación de 35.000 millones de euros en 2009 y 2010 de las líneas de ayuda del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y del Tesoro Público destinadas a financiar las pymes, así como un «Plan Renove» para la rehabilitación de viviendas e infraestructuras por valor de 2.500 millones de euros. Esto en 2009.
Solbes niega tres veces En el presente año y después de las reiteradas peticiones del PP para que sean o el «quemado» vicepresidente segundo del Gobierno, Pedro Solbes -que además ha negado hasta en tres ocasiones el cargo que ocupa y ha coqueteado con la intención de dimitir- o el propio presidente del Gobierno los que demuestren su «incapacidad» de encarar los malos aires económicos presentando su dimisión, Zapatero compareció en una esperadísima sesión plenaria en el Congreso de los Diputados para anunciar un recorte presupuestario de 1.500 millones de euros que Rajoy había propuesto tres meses antes. Unos días antes, había preferido sondear su imagen pública ante los cien ciudadanos del programa de TVE «Tengo una pregunta para usted» para asegurar que nunca «engañó» sobre la envergadura de la crisis y que la economía es también «un estado de ánimo», así que invitó a la población a esforzarse por remontar los malos datos.
Sin embargo, esas penosas estadísticas no dan tregua y el mes de febrero ha arrojado la mayor sangría de parados de la última década, al filo de las 3,5 millones de personas. El PP volverá a interrogar en el próximo Pleno del miércoles a Zapatero por qué piensa hacer concretamente para frenar el dato, máxime cuando un informe de la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas) publicado hoy augura un millón de parados más para el próximo 2010.
A pesar de ello, preguntada por su balance particular de este primer año desde las elecciones generales, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, dijo ayer que ha sido «razonablemente positivo», aunque reconoció que «ha sido un año duro y difícil para todo el mundo y en todo el mundo». La «número dos» arremetió desde Liberia contra la postura que ha mantenido el principal partido de la oposición y acusó al PP de estar «más preocupado por sus problemas que por los problemas de los españoles».
Como antesala a este año de legislatura, el PSOE ha recibido el varapalo electoral en Galicia, donde han perdido el poder recuperado hace sólo cuatro años por el ya ex secretario del PSdeG, Emilio Pérez Touriño, con cuya dimisión abrió el cisma en el seno del socialismo gallego; mientras podría obtener la cara opuesta de la moneda si logra que el lendakari Ibarretxe se apee del Palacio de Ajuria Enea y deje paso al «cambio» por el que apuesta el candidato socialista Patxi López, en coalición o no con el PP de Antonio Basagoiti. Ese avance en el País Vasco le restará créditos, no obstante, en la Cámara Baja, donde el PSOE se verá obligado a echar mano de los nacionalistas de CiU y otros socios esporádicos si quiere salvar sus propuestas.
Por el momento, las iniciativas económicas han eclipsado las sociales, entre las que el latente debate sobre el suicidio asistido y la eutanasia -que el ministro de Sanidad, Bernat Soria, anticipó en la entrevista a un rotativo el pasado mes de septiembre y que ha quedado tapada por otros acontecimientos- y la anunciada ya reforma de la Ley del Aborto, que permitirá que niñas de 16 años pongan fin a su embarazo sin permiso paterno y el aborto libre hasta las 14 semanas, provocan sendos conflictos con un amplio segmento de la población.
En este año de crisis, con tres referendos ante las urnas, el PSOE se juega su credibilidad ante los electores, someten a la aprobación general su gestión para salir del atolladero económico y financiero y su vigencia al frente del proyecto estatal para otros tres años hasta las generales de 2012.



