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Domingo, 08-03-09
«¿Para acabar de tendero te hemos pagado una carrera?» Cuando Patricio Rodríguez-Carmona decidió prescindir de «un trabajo normal» y crear su propio negocio, no fue demasiado bien entendido en un primer momento. A esa oposición inicial hay que sumar cierto temor al fracaso. «Piensas: Imagínate que te va mal, el dinero y el tiempo que has perdido, los comentarios tipo «éste se creía muy listo y mira...»». Sin embargo, el empresario, joven o menos joven, deja a un lado todas esas consideraciones. «No debe tener miedo porque el miedo es malo, te paraliza y coarta. Lo que sí debe tener es incertidumbre».
¿Qué más tiene que tener? «Sentido común. El 70% de las decisiones que se toman todos los días en la empresa es de sentido común». ¿Y el otro 30%? «Intuición. Y suerte. La suerte también es un factor, aunque también dicen que la suerte es levantarte todos los días a las siete de la mañana. Intuición, curiosidad y estar constantemente mirando qué hacen los demás, cómo lo hacen... Inventar la pólvora, algo espectacular y nuevo, es muy difícil. El 98 ó 99% de las empresas del mundo son, o tienen que ser, innovadoras: se dedican a ofrecer un producto o servicio que ya hay, de otra forma o con mejor precio».
¿Y quién es el principal enemigo del emprendedor? «La financiación. Nosotros siempre se lo hemos dicho a las administraciones: «Yo no quiero que usted me dé dinero, pero facilíteme que lo pueda conseguir»», explica vehemente. «Más allá de la parte económica, la satisfacción personal del emprendedor es muy importante. Ver que alguien se ha gastado 25 ó 40 euros en una de tus corbatas... Es como la primera vez que se rió mi hija...», y sonríe con su símil.
Hablando de trabajo
«Presidente del Gobierno». Patricio Rodríguez-Carmona (Madrid, 1969) no se andaba con chiquitas. Cuando era muy pequeño dejó a los psicólogos boquiabiertos cuando le hicieron un test psicotécnico preguntándole sus planes de futuro. «Mi madre estuvo metida en política en la época de UCD y es algo que me ha gustado siempre».
No fue un gran estudiante, pero sí un emprendedor de manual. «Mi padre nos daba dinero: aprobado, nada; notable, 25 pesetas [15 céntimos de euro] y sobresaliente, 50. Había muchos meses que yo le debía dinero, por lo que me tuve que buscar la vida desde pequeñito», recuerda riendo. Su primer trabajo, ayudando en la frutería donde compraba su madre, fue una lección de vida. «Tuve una época un poco rebelde y le dije a mi padre que dejaba de estudiar. Me dijo: «Bueno, pero no vas a vivir de la sopa boba». Me vino muy bien cargar con sacos de patatas de 50 kilos: se me quitaron todas las tonterías». Tenía 14 años y ya nada sería igual.
Después vendrían otros trabajos «alimenticios»: «Aparcacoches en Casa Lucio -creo que es el sitio donde más dinero he ganado-, guía para una televisión japonesa, la NHK; también trabajé un par de veranos en un barco en las Bahamas, un sitio muy bonito, pero un verdadero rollo. En el 86 me fui a Vancouver para trabajar en la Expo. Allí me lo pasé de coña. Fue muy interesante porque yo tenía 17 años y aunque ya había estado un año fuera de casa viviendo en Alburquerque, Nuevo México, era la primera vez que vivía en una casa pagada por mí».
De aquellos primeros trabajos pasó a su primer pequeño gran negocio: «Vendía Levis para Navidad. Ponía anuncios en «Segundamano, en octubre o noviembre, y la gente llamaba y me pedía las tallas. Me iba a Estados Unidos y me traía ciento y pico pares de vaqueros ya vendidos y pagados. Con el dinero me pagué las salidas de dos o tres cursos».
«Quería estudiar Políticas, pero mis padres me dijeron que hiciera algo con más salidas». Tuvo la fortuna de pertenecer a uno de los grupos experimentales de Derecho en la Universidad Complutense, «con clases muy prácticas limitadas para 40 alumnos, en las que no podías suspender». El que fuera estudiante mediocre se puso las pilas y disfrutó de una carrera para muchos elitista. «Aprendí mucho, sobre todo, a pensar».
Su primer trabajo de licenciado le llevó a una empresa especializada en cursos. «Yo era el enlace de la empresa con los abogados externos. Trabajábamos con varios despachos de toda España. A los tres o cuatro meses me di cuenta de que la empresa estaba medio en quiebra. Tuve que despedir a mucha gente mayor que yo, que llevaba allí muchos años. ¡Yo alucinaba! El último día vino la policía, nos embargó y se llevó todos los muebles. Yo llamé a mi casa diciéndoles que estaba sentado en la guía de teléfonos, lo único que la policía no se pudo llevar porque era propiedad de Telefónica». En las filas del INEM, supo que quería ser dueño de su tiempo y su destino: «Soy muy curioso, como todos los emprendedores. En general somos gente que va por ahí preguntándose: «Y esto, ¿por qué no lo hay en España?»».
«Me dediqué a viajar un poco por Estados Unidos e Inglaterra, donde vi el germen de lo que es hoy mi empresa: tiendas especializadas en complementos para hombres». Con un «me cogí un avión y me fui a Italia», comienza en 1993 The Tie Gallery, una aventura empresarial que dura hasta hoy. Su plan de negocio le dijo que necesitaba 60.000 euros, «que, por supuesto, no tenía y, como todos, busqué en las tres efes: «family», «friends» y «fools» [familia, amigos y locos]». Hoy, junto a sus socios, disfruta de un negocio que planta cara a empresas míticas, mientras lucha por los derechos de los empresarios más jóvenes de España.
Una carrera, una vida
«Si haces cosas, si alimentas lo que tienes, vendrá lo que estás buscando»
«Admiro a la gente con coraje, echada para adelante, no a los que se quejan de todo. Me gusta mucho Kennedy, Obama, gente que ilusione, que tenga un proyecto. Gente como Richard Branson [propietario de Virgin], que no es que se ponga el mundo por montera, sino que dice: «Pero, ¿por qué no voy a hacer esto?»».
«Lo que tenga que venir sólo depende de nosotros. Tenemos que ir siempre a mejor y nos vendrá lo que nosotros queramos que venga. Si haces cosas, si alimentas lo que tienes, conseguirás, no digo mucho, pero sí lo que estás buscando». «Nadie nos va a regalar nada, nos lo tenemos que ganar. Ésa es la satisfacción más grande: un dinero ganado después de un trabajo bien hecho».
En sus ratos libres, el presidente de la Confederación Española de Jóvenes Empresarios hace «lo típico: estar con la familia, con mi hija. Me gusta mucho leer, escuchar música y, sobre todo, viajar. Tuve la enorme suerte de que mi padre trabajara en Iberia: podíamos viajar a un precio bastante razonable. Viajar te abre la mente. Nos creemos la bomba. Estás aquí, en el piso 17 y piensas: «Madrid. ¡Qué grande!». Y no: Madrid es un pueblo».
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