Hay un interiorismo marcado por el gusto macabro, gótico, «gore». ¿Símbolo de los tiempos oscuros que corren?

Siniestros totales
POR L. DORRONSORO. Muertos vivientes, seres sobrenaturales, aves nocturnas reinventadas de otra época donde la estética y el marketing mantienen un negociado pulso. El universo gótico-tétrico-oscuro no es una creación reciente, ha inspirado a grandes artistas a lo largo de los siglos y ha salpicado —como la sangre— a todas las ramas del Arte, pero ahora es de nuevo tendencia. En la industria musical, nombres propios como el del macabro Marilyn Manson o el de la divina Alaska se alzan como los «Reyes del Mambo» del género, con escuela y legión de acólitos. Nada más esperpéntico que el tándem mediático que durante años han formado el citado Manson (la bestia) y Dita Von Teese (la bella). Para los nostálgicos del «look vampiresco» vuelve todo un clásico, «The Cure», emulados por una de las bandas con más tirón del momento, los imberbes «angelitos» de «My Chemical Romance». Pupilos los hay más o menos originales y con más o menos talento, pero en todos predomina el afán por diferenciarse del vulgo unido a grandes dosis de morbo. Mónica Naranjo ha sabido combinar como nadie la ambigüedad en el terreno sexual con una puesta en escena de tintes carnavalescos. Amy Winehouse pasea indiferente su cadavérica figura por el lado salvaje de la vida, a ritmo de R&B, en cada una de sus imprevisibles apariciones públicas. Entre las «teenagers», dos fenómenos televisivos «made in Spain»: Angy, ganadora de la primera edición de «Factor X», y Virginia, polémica vencedora de OT 2008. Tim Burton es el máximo exponente de esta cultura en la meca del cine, como guionista, productor, director y poseedor de una imaginación desbordante. Todo lo que toca —hasta su mujer, la actriz Helena Bonham Carter— desprende un talentoso tenebrismo que hipnotiza al público de todas las edades, con una inconfundible estética a medio camino entre las pesadillas y las alucinaciones. Y para fenómeno digno de estudio sociológico, la fiebre preadolescente que contagia la lectura de las crónicas vampíricas de Sthephenie Meyer. Millones de ejemplares vendidos en todo el mundo y una comunidad virtual de fervientes admiradoras, entregadas en cuerpo y alma a la causa de una escritora de confesión mormona que ha pasado de ser una discreta ama de casa a un auténtico ídolo de masas.
Actualizado Domingo, 08-03-09 a las 10:49
No se vayan a confundir, esto que les vamos a mostrar no es un juego. Es una de las tendencias que llegan y tal vez no sea casualidad que coincida con estos tiempos de crisis. Pero el resultado está ahí y la casa de los Adams palidece junto a ella. Es el, llamémosle así, «tetric style». Una mezcla de «gore», «grunge» y gótico en línea con lo que vemos en la moda, el cine, la literatura o la música, pero que ahora, y poco a poco, se introduce, siempre de la mano de artistas, en cierta decoración y llega a las casas.
Tres ejemplos
Primero (como siempre) fue París, hace tres años, y en una sofisticadísima presentación de una conocida firma. La había montado el más divino de los interioristas del momento en un espacio del Seizième: paredes desconchadas y humedades sabiamente distribuidas, luz vacilante, candelabros y velas agrupados con estrategia, mesas repletas de comida sobre manteles zurcidos —como lo oyen— en platos desportillados, bandejas servidas por unos camareros anti Calvin Klein, provectos, desaliñados, que arrastraban los pies...
13 Años después: Madrid Arco 09, en el mes de febrero. Entre fotografías y «performances», la más antigua firma de champán, Dom Ruinart, presenta el montaje de un diseñador alemán «enfant terrible» donde los haya, Maarten Baas. Parece que no ha roto un plato pero lo ha quemado todo: el suyo, un espectáculo con arañas de cristal de Murano y plata, y cientos de copas servidas por un ejército de camareros como en un ceremonial que recuerda sospechosamente a Kubrick.
Unas semanas después, a las nueve de la noche del pasado miércoles. La cita es en el Casino de Madrid y el motivo la entrega de premios de la revista de interiorismo «AD». El espectáculo, estupendamente preparado por el equipo de la redacción: desde la iluminación de las inmensas arañas de cristal proyectando luces y sombras sobre paredes, mármoles y cuadros, a las pilas de muebles desvencijados, amontonados, cubiertos por telarañas, más instalaciones de esculturas cubiertas... Todo tiene un barniz de misterio esplendoroso que deja boquiabiertos a los cientos de invitados e incluso a la mismísima arquitecto Zaha Hadid, presente para recoger su correspondiente premio.
Intenciones secretas
El efecto se extiende. Cada vez se presentan más objetos que debemos incluir, sin titubear, en la carpeta de «tétricos». No es cuestión de montar con ellos una casa con niños, ni el nido para una alegre pareja de recién casados. Los partidarios de este estilo empezaron siendo los hoy viejos «punks» y ahora se han incorporado más creadores que juegan con el gótico, el «grunge». Son artistas y les gusta sorprender. Lo habíamos visto en moda, en música y en Arco, ahora llega y se instala en las casas.
Tenemos muebles ahumados: es decir, la silla de Macintosh pasada por el lanzallamas de Maarten Baas da paso a su colección «Smoke»; tenemos lámparas siniestras como las realizadas por Starck con las bases de fusiles Kalashnikov, o con pantallas de tocas de monja, como la «Sestar» del español Ferrero... Todos son elementos acompañados por perfectas puestas en escena, tan importantes como las carísimas piezas que las componen.
Así Maarten Baas presentó en Nueva York, en 2004, una exposición llamada «Where There's Smoke» en la que prendió fuego a 25 piezas clásicas del diseño mundial (de Sottsass, Gaudí, los Hermanos Campana o el mismísimo Rietveld) recubriéndolas luego con un sellador negro de resinas. La crítica, lejos de crucificarle, se volvió loca. Por lo que en 2007 hizo lo mismo en Los Angeles con 2.000 pianos de cola Steinway. Era su manera de contar lo que está pasando o lo que está por pasar y de revalorizar su obra en cifras astronómicas (Philipe Starck es uno de los principales coleccionistas de sus especiales propuestas).
Pero le siguen piezas y diseñadores como el español Jordi Canudas, con su «Lesslamp», una mezcla de «happening» y de lámpara producida para Metalarte y adquirida por el MOMA, en la que con una mini piqueta tienes que agujerear un huevo de cerámica y liberar la luz a tu gusto. O la iluminación para murales «Focal Shift», que nace de la colaboración entre Jake Dyson y Jason Bruges, que se presentará en Il Salón de Milán este próximo mes de abril y que permite, con un mando a distancia, cambiar los puntos de luz en predeterminadas figuras muy sugerentes. Eso sin olvidar las nuevas colecciones de tejidos que se avanzan esta próxima temporada como las de Gancedo, en las que los terciopelos degradés en colores azul intenso o calderos, juegan al papel decadente y exquisito, que pueden recordar, si nos ponemos a ello un siglo XVIII sensual... y con final de guillotina. Pero además están las colecciones de Starck (espíritu inquieto, ahora atraído por esta otra cara de la estética) para Baccarat, o la serie «Gun» para Flos, o la ya comentada lámpara «Sister» del español Ferrero, de Studi Hac.
En esta forma de ver la vida —o de reírse de ella— no valen los términos medios: o se es o no se es. O te gusta la ironía macabra de estos objetos o no los aguantas, salvo para dejarte asombrar en alguna fiesta de cuyo ambiente tenebroso y barroco puedes huir cuando termina para refugiarte en la atmósfera segura de tu hogar. Pero si se entra en el juego —y este año que celebra a Edgar Allan Poe y la nostalgia por la Casa Usher es de lo más adecuado para ello—, no se puede improvisar: tienen que acompañar la luz, los tejidos y el color adecuados. Incluso el desorden —aunque no cualquiera— entra dentro de esta estética y si no tienes telarañas, pues las fabricas o las sugieres. Todo es posible y todo está en el mercado: elementos medio quemados —a precios que no hubiera imaginado el Fantasma de la Ópera— , sillas y sillones en cuero negro, terciopelos de catafalco, brocados con memoria de flores ajadas... Si le divierte, no se reprima: la nueva estética está en la calle.


