«Hubiera preferido estar sin dientes»
Los problemas de Servando Pérez Domínguez se originaron hace una década, cuando se empezó a desmoronar parcialmente. Hasta entonces, llevaba una vida sana, era deportista de competición y no sabía siquiera qué era una simple migraña. Hoy, con 41 años, el Juzgado de lo Social número 1 de Santiago acaba de reconocerle una incapacidad permanente absoluta por los problemas de salud que le han producido los efectos del mercurio de los cuatro empastes de su boca.
Es la única persona en España a la que se le ha aceptado esta incapacitación -tampoco hay ninguna parcial- por la intoxicación derivada de estas amalgamas metálicas de color plateado, de las que se ha deshecho. Su vía crucis comenzó en 1998. Segundo de su promoción, coordinador Erasmus, director de reconocidas investigaciones internacionales y docente en la Facultad de Ciencias de la Educación de Compostela, notaba cómo en clase a veces un alumno le hacía una pregunta y él perdía el hilo de la explicación. Al principio, le quitaba importancia y trataba de disimular; pero dejó de hacerlo. «Si no, pensarían que estaba mal de la cabeza», cuenta.
Tras el despiste, llegó un picor de ojos que no remitía, y que los oftalmólogos no eran capaces de explicar; y también cansancio, problemas gastrointestinales, dermatológicos, genito-urinarios, y las alergias. Ahí comenzaron las visitas a especialistas. «Nadie acertaba, apuntaban a estrés laboral, ansiedad; pasé por tres psiquiatras que determinaron que no tenía ningún trastorno psicológico, y ya decidí ponerme a investigar por mi cuenta». Sumó diez diagnósticos diferentes. En 2004, recurrió a un laboratorio y halló la ansiada respuesta: una concentración de 24 microgramos de mercurio por litro de sangre, cuando por lo general nunca rebasa los diez.
Empezó a descartar posibles causas. Dejó de comer pescado y marisco durante un mes, repitió el examen, y los resultados eran peores. Su calvario continuaba. Mandó analizar el agua que llegaba a su vivienda, nada; su pareja se hizo las pruebas y salieron perfectas; y, en su centro de trabajo, los compañeros estaban sanos. «Desesperado, con un dentista y la ayuda del libro Harrison, descubrí el foco de estos contratiempos», relata, y añade que ahora sus niveles son normales, aunque tiene altas cantidades del metal acumuladas en su organismo.
Demanda al Ministerio de Sanidad
Sufre fatiga crónica, fibromialgia y sensibilidad química múltiple. No puede estar en lugares cerrados con demasiado humo, ni tolera los aromas fuertes. En la entrevista concedida a ABC a veces se pierde, y queda en blanco. Es por la memoria a corto plazo, que le falla. Preside la Asociación Mercuriados, que integra a más de doscientos afectados, y ha iniciado una demanda judicial contra el Servicio Gallego de Salud, por error continuado en la diagnosis; y otra, con 55 personas más, contra el Ministerio de Sanidad y Consumo.
Está pendiente de un tratamiento de quelación, para atacar la toxicidad, y espera que su estado mejore. Sabe que la Seguridad Social ha recurrido el fallo ante el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, después de haberle confirmado una situación de incapacidad permanente total (que admite que no puede ejercer la docencia, pero sí otro trabajo; frente a la absoluta, que generaliza).
«Estos son los cauces normales, pero en el dictamen deja claro que mis problemas de salud me imposibilitan para cualquier profesión y afectan a mi vida cotidiana; por lo que debe ser inexorablemente estimada», manifiesta. Está a la espera de que se ejecute. «Mucha gente se ha burlado de mí, restándole importancia; yo, a lo que aspiro, es a normalizar mi existencia. De saber esto a tiempo, hubiera preferido estar sin dientes», apostilla.

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