El cronista nocturno de Nueva York
Siempre llegaba el primero a la escena de un crimen, a un incendio, una redada o un rescate. Durante muchos años vivió de noche y para ello convirtió su Chevrolet en su propia casa, con laboratorio incluido. Arthur Fellig, más conocido por el seudónimo de «Weegee», fue el arquetipo del fotógrafo de prensa del siglo XX y el primer profesional en llevar en su vehículo una radio conectada a la policía y los bomberos, con permiso de ellos, por supuesto.
Ahora, la Fundación Telefónica presenta la exposición más extensa realizada en España hasta la fecha sobre esta singular figura de la fotografía. Nacido en Zloczew en 1899, pronto emigró junto a su familia a Estados Unidos, donde discurrió su carrera como fotoperiodista y fotógrafo de autor hasta su muerte, en 1968.
Aunque comenzó como ayudante de laboratorio, pronto se convirtió en asistente de fotógrafo, desde donde dio el salto a Acme Newspictures, la agencia que proveía de imágenes a los tres periódicos de Nueva York. Sin embargo, frustrado por no ver su nombre al pie de las fotos, en 1935 decide convertirse en freelance.
De espectáculos a asesinatos
Comienza entonces una impresionante carrera como fotoperiodista que le llevó a captar con su cámara la vida cotidiana de Nueva York durante la década de los años 30 y 40. Junto a sus imágenes de espectáculos y celebraciones, Weegee también captó la cara negra de la metrópoli, con sus miserias, marginaciones y sucesos.
Por ello, esta exposición, que reúne 270 instantáneas pertenecientes a la colección privada de los suizos Michel y Mich_le Auer, se articula entorno a diferentes visiones sobre la ciudad. «Policía y Cía», «Los durmientes», «Sábado por la noche», «Weegee´s people», «Coney Island», «Striptease», «La Bowery» o «En la ópera», son algunas de los apartados que articulan esta singular muestra, donde no faltan sus primeras instantáneas, tomadas tras noches sin dormir, de incendios, asesinatos, redadas, cárceles y borracheras.
Frente a esta crónica nocturna de Nueva York, el fotógrafo muestra la cara más amable con reuniones infantiles, celebraciones religiosas o presentaciones con estrellas de Hollywood. Sin olvidar sus particulares «fotocaricaturas», todo un universo de distorsiones de imágenes de archivo.

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