Viernes, 06-03-09
China ha levantado esta semana la voz contra el expolio y la venta de su patrimonio cultural; sin embargo, según una información a la que ha tenido acceso ABC, también se ha asociado con empresas cuyo fin es el de buscar barcos hundidos cerca del litoral estadounidense y apropiarse de su contenido o, en su defecto, lograr una compensación.
Hace tan sólo unos días, el empresario chino Cai Mingchao, experto en arte y dueño de una casa de subastas, llamó la atención del mundo entero al reventar, de manera deliberada, la bautizada ya como subasta del siglo, celebrada por Christie's, y en la que él mismo pujó —por teléfono— con 30 millones de euros (que ha reconocido no puede abonar) por dos bronces pertenecientes a la colección de arte del desaparecido diseñador Ives Saint Laurent y su socio, Pierre Bergé. Unas piezas que datan de 1750 y que originariamente pertenecieron a una fuente ubicada en el Palacio de Verano de Pekín, expoliada por las tropas anglofrancesas al final de la Segunda Guerra del Opio.
El objetivo de este acto —del que se ha desvinculado la Administración de Patrimonio chino— no era otro que denunciar de manera pública y notoria la venta de piezas expoliadas a China. «Sólo he cumplido con mi obligación. Cualquier chino habría hecho lo mismo si hubiera podido», explicó en rueda de prensa Cai Mingchao.
Esta preocupación y compromiso por el patrimonio chino parece, sin embargo, no trasladarse hacia el de otros países. Según un exhaustivo informe jurídico relativo a la situación y tratamiento legal que se da a los restos arqueológicos de buques de origen hispano en los Estados Unidos, elaborado durante el último año por el abogado José María Lancho, una empresa china aparece asociada a una compañía que dedica parte de sus actividades a la búsqueda de piezas arqueológicas bajo el mar.
En dicho informe, se recoge una demanda presentada el pasado mes de octubre en el Tribunal de Florida por la empresa Sovereign Exploration Associates Internacional Inc. pidiendo el derecho de salvamento o exclusividad para explotar el contenido de varios barcos españoles encontrados a varias millas de la costa estadounidense. Los demandantes refrendan esta petición como compensación a los esfuerzos de tiempo y dinero invertidos en sus investigaciones.
Vinculación china
<MC1>Es la propia web de dicha empresa la que informa, en febrero de 2008, de la creación de otra compañía, Ocean King Overseas Limited («Ocean») con el fin llevar a cabo sus trabajos en el Caribe. Si bien Sovereign Exploration asume una participación del 51% de la compañía, «el otro 49% es propiedad de China Bejig QMCC Engineering & Technology, LTC. y de Mineral Investment Resources Inc.», participada al cien por cien por el gobierno chino. Dato ya revelado por la agencia Reuters, en noviembre de 2007, en una información que añadía además que el presidente de QMCC, Zhao Lizhi, asumía también la presidencia de «Ocean».
Por otra parte, llama la atención que en la demanda presentada por Sovereign —y ante la que no se ha personado el Estado español— se reitera el hecho de que los pecios encontrados estaban abandonados «y los dueños no tienen intención de regresar». Un punto inexacto pues según una sentencia histórica aprobada por el Tribunal Supremo de Estados Unidos, en 2001, el Estado español es el único propietario de los barcos que, viajando bajo bandera española, se han hundido durante los últimos siglos en aguas estadounidenses, por lo que no cabe recurso de abandono alguno.
A esto hay que añadir que «China se ha negado a firmar el Convenio de la Unesco para la protección del patrimonio cultural subacuático que ha entrado en vigor el 2 de enero de 2009», como recuerda José María Lancho. El jurista denuncia además el tratamiento mediático que han recibido estos asuntos, más habituales de lo que la gente imagina. «Como es lógico, ha sido extraordinariamente discreto y en muchos casos no hay constancia en medios de comunicación de su existencia. Sin embargo, hemos podido verificar que se trata de un fenómeno muy generalizado, desarrollado con auténtica impunidad, que se dirige especialmente sobre restos históricos de origen hispano, a los que se les viene a negar carácter de verdadera historia y arqueología americana, y una vinculación siquiera moral o legal con las sociedades de que tienen origen esos restos arqueológicos».
«Como vamos a corroborar —añade—, se trata sin duda de uno de los atentados culturales consumados más graves que ha podido producir una sociedad desarrollada, tolerándose lo que necesariamente es la extinción de hecho de todo un registro histórico de la historia americana».