Actualizado Jueves, 05-03-09 a las 10:18
La mano, 23 años después, corre a favor de los socialistas vascos. Con sus cartas, tiene en el tablero dos juegos posibles: decidir si por primera vez en la historia saca al PNV del Palacio de Ajuria Enea, construyendo la centralidad política tantas veces preconizada por Rodríguez Zapatero y Patxi López, pactando con el PP y el valioso escaño del partido de Rosa Díez, UPyD; o si, en cambio, prefiere lanzar un guiño a los sectores templados del PNV y mantiene al nacionalismo con la única condición de que no sea Ibarretxe el lendakari.
El candidato soberanista, «quemado» como se dijo durante meses antes de que el presidente del PNV, Íñigo Urkullu, volviese a renovarle su confianza en un congreso celebrado el pasado mes de septiembre, se quedaría en ese caso con la Vicelendakaritza, a las órdenes de Patxi López, convirtiéndose éste en el primer lendakari socialista en treinta años de democracia. Pero el solo hecho de imaginarse ese escenario parece hacer temblar a los cimientos más duros del partido «jeltzale».
Urkullu despertó ayer las reticencias de los socialistas y también de los populares, puesto que con tal de que no gobiernen «los de fuera» -como los ha llamado Juan José Ibarretxe durante los mítines de esta campaña- señaló que un hipotético pacto PSE-PP, además de «antinatura» y toda «una agresión política» contra Euskadi, representaría el «triunfo del PP en toda España».
López, herido por la crítica antes siquiera de la entrevista de mañana con los representantes peneuvistas, advirtió al presidente de la EBB del PNV que no consentirá «amenazas» y que buscará los acuerdos necesarios para conseguir su «objetivo irrenunciable: tener un lendakari socialista», dijo. No quieren que se repita, bajo ninguna circunstancia, el brete de 1986, cuando el PSE-PSOE de Ramón Jaúregui cristalizó la cesión de sus aspiraciones al «trono» del poder en la Comunidad vasca entre 1986 y 1998. De aquella, pese a obtener en los comicios adelantados de 1986 19 escaños por los 17 del PNV de José Antonio Ardanza, este político vizcaíno fue el lendakari.
Aralar, en las quinielas de la gobernabilidadPero de las declaraciones de los dirigentes socialistas se postula otro escenario viable: que el PSE, con sus 24 escaños, considere potables los cuatro obtenidos por Aralar. De hecho, ayer López, en su comparecencia en un hotel bilbaíno, se manifestó contento porque la izquierda abertzale que no da cobertura a ETA -tras la ilegalización de las listas proetarras D3M y Askatasuna- se siente en el Parlamento vasco a abordar los problemas de los vascos. Hoy, el mensaje a la dirección de Aralar, formación independentista que renuncia expresamente a la violencia, ha llegado de manos del ministro de Interior, Alfredo Rubalcaba, quien ha considerado que el importante ascenso de Aralar, unido a la caída del voto atribuido a la histórica Batasuna y sus marcas electorales en los comicios del pasado domingo, conforma un panorama muy positivo» de cara al futuro del País Vasco.
El candidato soberanista, «quemado» como se dijo durante meses antes de que el presidente del PNV, Íñigo Urkullu, volviese a renovarle su confianza en un congreso celebrado el pasado mes de septiembre, se quedaría en ese caso con la Vicelendakaritza, a las órdenes de Patxi López, convirtiéndose éste en el primer lendakari socialista en treinta años de democracia. Pero el solo hecho de imaginarse ese escenario parece hacer temblar a los cimientos más duros del partido «jeltzale».
Urkullu despertó ayer las reticencias de los socialistas y también de los populares, puesto que con tal de que no gobiernen «los de fuera» -como los ha llamado Juan José Ibarretxe durante los mítines de esta campaña- señaló que un hipotético pacto PSE-PP, además de «antinatura» y toda «una agresión política» contra Euskadi, representaría el «triunfo del PP en toda España».
López, herido por la crítica antes siquiera de la entrevista de mañana con los representantes peneuvistas, advirtió al presidente de la EBB del PNV que no consentirá «amenazas» y que buscará los acuerdos necesarios para conseguir su «objetivo irrenunciable: tener un lendakari socialista», dijo. No quieren que se repita, bajo ninguna circunstancia, el brete de 1986, cuando el PSE-PSOE de Ramón Jaúregui cristalizó la cesión de sus aspiraciones al «trono» del poder en la Comunidad vasca entre 1986 y 1998. De aquella, pese a obtener en los comicios adelantados de 1986 19 escaños por los 17 del PNV de José Antonio Ardanza, este político vizcaíno fue el lendakari.
Aralar, en las quinielas de la gobernabilidadPero de las declaraciones de los dirigentes socialistas se postula otro escenario viable: que el PSE, con sus 24 escaños, considere potables los cuatro obtenidos por Aralar. De hecho, ayer López, en su comparecencia en un hotel bilbaíno, se manifestó contento porque la izquierda abertzale que no da cobertura a ETA -tras la ilegalización de las listas proetarras D3M y Askatasuna- se siente en el Parlamento vasco a abordar los problemas de los vascos. Hoy, el mensaje a la dirección de Aralar, formación independentista que renuncia expresamente a la violencia, ha llegado de manos del ministro de Interior, Alfredo Rubalcaba, quien ha considerado que el importante ascenso de Aralar, unido a la caída del voto atribuido a la histórica Batasuna y sus marcas electorales en los comicios del pasado domingo, conforma un panorama muy positivo» de cara al futuro del País Vasco.
Esta tesitura cobra fuerza en un posible gobierno en solitario de los socialistas, con minoría parlamentaria, pero que movería ficha gracias a Aralar y también la condescendencia del PP -en favor del cambio a 30 años de la misma forma de gobernar el País Vasco, como ha señalado hoy en Sevilla el presidente nacional, Mariano Rajoy- para alcanzar acuerdos importantes para el bienestar de la ciudadanía vasca, y por la derrota del terrorismo etarra.
Las negociaciones que comienzan mañana entre PSE y PNV disiparán dudas sobre si los nacionalistas renuncian, tres décadas después, al poder, o si lo apuestan todo al órdago de que López se estrelle en su acercamiento al resto de fuerzas en Euskadi. Las posiciones, antes de la entrevista, parecen radicalmente opuestas: la portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate, subrayó, como Urkullu, que no entiende por qué tiene que haber cambio en el Ejecutivo si el PNV ganó «con contundencia» -30 escaños, victoria insuficiente para gobernar en el Parlamento de Vitoria-. Entretanto, el presidente Zapatero pidió «fair play» a los nacionalistas vascos y que asuman su posible salida del Ejecutivo, sabiendo que con ello perdería su importante respaldo en el Congreso de los Diputados y tendría que aferrarse a los diez diputados de CiU como «salvavidas» de los próximos presupuestos generales y acuerdos durante la presente legislatura.
Una declaración que hoy ha puesto la puntilla a la postura que mantiene el PNV es la del presidente de la Generalitat, José Montilla, que ha expresado ante los micrófonos de Punto Radio que «hay que entender las legítimas resistencias de quien gobierna» a ceder el poder, si bien confió en que «aunque se inicia un periodo de conversaciones, todo apunta a que Patxi López gobernará», ha indicado el líder de los socialistas catalanes.
Las negociaciones que comienzan mañana entre PSE y PNV disiparán dudas sobre si los nacionalistas renuncian, tres décadas después, al poder, o si lo apuestan todo al órdago de que López se estrelle en su acercamiento al resto de fuerzas en Euskadi. Las posiciones, antes de la entrevista, parecen radicalmente opuestas: la portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate, subrayó, como Urkullu, que no entiende por qué tiene que haber cambio en el Ejecutivo si el PNV ganó «con contundencia» -30 escaños, victoria insuficiente para gobernar en el Parlamento de Vitoria-. Entretanto, el presidente Zapatero pidió «fair play» a los nacionalistas vascos y que asuman su posible salida del Ejecutivo, sabiendo que con ello perdería su importante respaldo en el Congreso de los Diputados y tendría que aferrarse a los diez diputados de CiU como «salvavidas» de los próximos presupuestos generales y acuerdos durante la presente legislatura.
Una declaración que hoy ha puesto la puntilla a la postura que mantiene el PNV es la del presidente de la Generalitat, José Montilla, que ha expresado ante los micrófonos de Punto Radio que «hay que entender las legítimas resistencias de quien gobierna» a ceder el poder, si bien confió en que «aunque se inicia un periodo de conversaciones, todo apunta a que Patxi López gobernará», ha indicado el líder de los socialistas catalanes.

