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Philippe de Montebello, director emérito del Metropolitan Museum: «No estoy convencido de que las «Majas» del MET no sean de Goya»
Philippe de Montebello, ayer en la Biblioteca del Prado, en el Casón del Buen Retiro, bajo la cúpula de Luca Giordano
Miércoles, 04-03-09
Entre los antecedentes con pedigrí de este aristócrata francés, nacionalizado norteamericano en 1955, se hallan uno de los mariscales de Napoleón y el mismísimo Marqués de Sade. Eso marca e imprime carácter. «Sí, cuidado», advierte Montebello.
-¿Qué futuro augura a los museos? Unos creen que son mausoleos; para otros, centros comerciales o parques temáticos.
-No creo que un museo sea ninguna de estas cosas. Se parece a ellas. Que haya tiendas es la única manera de vender los catálogos, hay restaurantes y cafeterías (el hambre y la sed no ayudan a apreciar el arte)... Hace más de medio siglo que no se puede describir un museo como un mausoleo: las puertas están abiertas, se hacen exposiciones y actividades...
-¿Cuál es el principal reto de los museos en el siglo XXI?
-Me gustaría mucho saberlo. Los museos deben responder a las expectativas del público. Debemos saber cuáles son. Los programas educativos son, sin duda, uno de los retos más importantes para los museos.
-¿Nos adelanta el diagnóstico que hará de los museos en su conferencia de mañana?
-Es un secreto. No será ni bueno, ni malo. Será realista.
-Hemos visto a Murakami instalar una tienda de Vuitton en el Museo de Brooklyn, la subasta de Hirst en Sotheby´s, a Jeff Koons en Versalles... ¿El mercado está reñido con el arte y los museos?
-Que algunos museos hagan cosas fuera de lo común no quiere decir que sea la norma.
-Usted no permitió que el mercado entrara en el MET...
-Creo que no. No sé si recuerda cuando estábamos organizando una exposición de Chanel, yo la suspendí porque pensé que la casa Chanel se involucraba demasiado en las cuestiones científicas. Años después quisieron volver a organizarla. Se hizo de forma independiente. La independencia de los museos es lo más importante.
-Hay en todo el mundo un debate sobre la apertura de los museos históricos al arte contemporáneo. ¿Qué opina?
-El arte no conoce límites, ni fronteras en el tiempo ni en el espacio. El arte del siglo XX, como Bacon, ha crecido en el desarrollo de la Historia del Arte, con los ojos bien abiertos, mirando las obras en los museos, influidos por los museos clásicos. La presencia del arte moderno en un museo clásico es lógico para mí.
-El Prado acaba de retirar la autoría de «El Coloso» a Goya. El Metropolitan hizo lo propio con varias obras de Goya, entre ellas, las «Majas en el balcón».
-El asunto de «El Coloso» es nuevo. En cuanto a las «Majas en el balcón», no hay unanimidad en su autoría. Hicimos una exposición con todas las «Majas en el balcón» para compararlas. Yo no estoy convencido de que la obra del MET no sea de Goya. La cartela dice «atribuido a Goya». Se hizo un simposio, pero no hubo una conclusión; unos expertos estaban a favor y otros en contra.
-¿Tiene alguna opinión respecto a «El Coloso»?
-Mi opinión no cuenta. Soy conocedor general del arte. Conozco un poco Goya, pero estas cuestiones sólo las deben juzgar los expertos. Las opiniones del mundo del arte son sólo opiniones; no valen nada.
-Está de actualidad la polémica subasta de dos obras expoliadas de China en la colección YSL. Ustedes devolvieron algunas piezas a Italia. ¿Cómo solucionar este problema del arte expoliado?
-Tendríamos que pasar horas hablando del tema. Es muy complejo. Sobre las obras chinas, son del siglo XVIII; hablar de herencia es un poco exagerado. Fueron hechas para China por artistas europeos en un estilo europeo. Es verdad que pertenecieron al Palacio Real. Pero aquí entran cuestiones de si el arte es estrictamente nacional o internacional.
-El Louvre abrirá sede en Abu Dhabi, el Guggenheim en Dubai... ¿No tuvo en sus 30 años al frente del MET ofertas y tentaciones similares? ¿No cree que son operaciones puramente comerciales?
-Sí y no. No me ocurrió algo así, porque el fenómeno del petrodólar es muy nuevo. Hemos trabajado con Australia y Japón, que pagan por hacer exposiciones; con China, que no paga, pero son intercambios. Estos nuevos países, como los Emiratos Árabes, tienen derecho a querer mostrar a sus ciudadanos el arte de Occidente. Es una ambición admirable. Si se cuidan bien las obras, no se deben denegar.
-Pero algunos museos parecen estar «en venta»...
-Hay mucho dinero que ha pasado de unas manos a otras. Pero, ¿cuándo no ha ocurrido esto? A Miguel Ángel y Rafael le pagaban los Papas por sus obras. El dinero es la forma de hacer mover las cosas en el mundo. Es cuestión de medida.
-Desde 1870 ha habido 9 directores en el Metropolitan y 27 presidentes de EE.UU. ¿Es más sano perpetuarse en un museo que en la presidencia del país?
-Cada 4 años, los presidentes deben pasar por las urnas y no pueden tener tres mandatos. No hay límite para los directores de museos. Creo que he pasado demasiado tiempo como director del MET. Quizá mis últimos años fueron menos enérgicos. Hay un momento en que todos perdemos un poco el entusiasmo. Tengo 73 años. La transición a otro director es más difícil después de 30 años.
-¿Qué ventajas tienen los museos privados en EE.UU. en relación a los estatales en Europa?
-Cuando se piensa que el Estado lo va a hacer todo, es más difícil que haya donaciones. En el MET no recibimos ni un centavo de Washington y los ciudadanos se sienten implicados en el museo. Lo sienten como suyo. Cada dólar que nos dan es, para ellos, una inversión.
-¿Qué opina de la fiebre de las ampliaciones museísticas?
-En el Prado era imprescindible. Hace treinta años que se debería haber hecho.
-¿Cómo ve la reordenación de la colección del Prado?
-Me parece muy bien hecha.
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