Martes, 03-03-09
DESDE hace algunos años, la Universidad de Valencia tiene entre su oferta académica estudios de chino mandarín merced a un convenio que el Estudi General firmó con el Instituto Confucio de China, que es algo parecido a nuestro Instituto Cervantes.
Como es natural, la Universidad de Valencia no ha dejado de prestar el resto de los servicios y docencias que tiene encomendado y el chino mandarín es una oferta más que redunda en la excelencia de la institución.
Y nadie se ha quejado de que, por culpa del chino, no hay nadie que controle si los profesores cumplen su horario o si se puede trabajar en la Universidad de Valencia sin que sea necesario que un familiar o un amigo ya lo haga.
Sin embargo, la contrata guarda silencio con la Universidad y pone el grito en el cielo con la idea del conselller de Educación, Alejandro Font de Mora, de instaurar, como asignatura optativa y en periodo de pruebas, el chino en la enseñanza secundaria.
La contrata a la que me refiero es la Plataforma pel Ensenyament Públic, que es el servicio externalizado que el secretario general del PSPV, Jorge Alarte, tiene para que le haga oposición mientras él intenta reunir valor para preguntarle al cardenal Agustín García-Gasco cuánto costó la visita del Papa -cosa que hacen sus diputados al Consell constantemente pero él no se atreve a preguntárselo al prelado- o para enterarse si su vicesecretario general y al tiempo alcalde de Elche, Alejandro Soler, es un chorizo o simplemente se trata de un error administrativo.

