Actualizado Lunes, 02-03-09 a las 03:17
La noche de ayer es de las que cambian el curso de la política, y quizás de la historia, en España. En el País Vasco se consumaba la pérdida de la hegemonía del PNV, en el poder autonómico desde las primeras elecciones vascas de 1980, mientras Patxi López se alzaba como primer lendakari «in pectore» no nacionalista de la historia, a la espera de recabar los apoyos necesarios. Una oportunidad que el PSOE no dejará pasar. Al mismo tiempo, en Galicia, el PP recuperaba el poder tras cuatro años en la oposición, y Mariano Rajoy ganaba así el pulso a José Luis Rodríguez Zapatero, con una victoria rotunda, repleta de mensajes internos y externos, que refuerza su liderazgo y da un giro a esta legislatura marcada por la crisis.
La primera prueba de fuego para Zapatero y Rajoy ha supuesto el primer triunfo redondo para el PP. Los gallegos dieron la espalda al PSOE y optaron por colocar a los populares con mayoría absoluta en el Parlamento autonómico, con 39 diputados, frente a los 24 de los socialistas y los 12 del BNG. El candidato del PP, Alberto Núñez Feijóo, que se presentaba por primera vez como aspirante, tras la retirada de Manuel Fraga, será el próximo presidente de la Xunta en sustitución de Emilio Pérez Touriño, que se mostró incapaz durante la campaña electoral de contrarrestar su imagen de despilfarro público y de separarse de sus socios independentistas.
Las encuestas realizadas a la salida de los colegios electorales presagiaban una noche apretada cargada de incertidumbre, tanto en Galicia como en el País Vasco. Las batallas estaban tan abiertas como el partido que en ese momento se disputaba en el Vicente Calderón entre el Atlético de Madrid y el Barcelona. El comienzo del escrutinio decantó en seguida, con sólo un 0,40 por ciento de votos computados, la victoria hacia el lado del PP en Galicia, y ya no se movió de ahí. Los datos del País Vasco se hicieron esperar, si bien los primeros que ofreció el consejero de Interior, Javier Balza, reflejaban una victoria del «tripartito» de Juan José Ibarretxe, ahora «cuatripartito» con Aralar. Pero el cómputo de los votos contradijo rápidamente al Gobierno vasco, que vio cómo el poder se escapaba de sus manos al mismo ritmo que se contaban papeletas.
Los 39 escaños del PP
En Galicia, el PP fue consolidando sus 39 diputados, uno más de los necesarios para alcanzar la mayoría absoluta, según avanzó la noche. En 2005, el PP ganó también las elecciones, pero se quedó a un escaño de tener mayoría suficiente para poder formar gobierno. El PSOE y el BNG sellaron un pacto que les había servido para gobernar toda la legislatura, y ahora han visto cómo han perdido un diputado cada uno.
La victoria del PP gallego es también el triunfo de Mariano Rajoy. Tras el congreso nacional del PP en Valencia, los críticos advirtieron que su recién reelegido presidente vería examinado su liderazgo sobre todo en dos citas electorales: Galicia y las europeas del 7 de junio. La victoria de los populares en esta Comunidad refuerza el liderazgo interno de Rajoy, después de varias semanas en las que el PP ha tenido que hacer frente a distintos escándalos. Primero, el caso de los espías en la Comunidad de Madrid y luego, la «operación Gürtel», sobre una supuesta trama de corrupción que afecta al PP, pusieron contra las cuerdas a los populares. Las urnas han demostrado la nula incidencia de «Gürtel» y los «espías» en los resultados del PP.
Pero los socialistas tenían al enemigo dentro de casa. En plena crisis económica, con España metida hasta el tuétano en la recesión, ABC sacó a la luz el lujo en que se movía el presidente autonómico gallego, Emilio Pérez Touriño, y también su socio preferente y vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana.
Qué mal lo verían en la sede nacional del PSOE, en Ferraz, y en el Palacio de La Moncloa que hace justo una semana Zapatero aceptó la dimisión de su ministro de Justicia por el «caso cacería».
El precio de la crisis
El éxito de Rajoy en Galicia es, a la vez, una derrota de Zapatero, que comienza a pagar en Galicia el precio de la crisis económica, de su propia gestión y de sus amistades peligrosas con los independentistas. Era el primer examen ciudadano tras la explosión de la crisis, y el presidente ha suspendido. Zapatero compensó el duro revés gallego con el resultado histórico del País Vasco, donde por primera vez el PNV puede quedarse fuera del poder.
En el cuartel general del PP, en la calle de Génova de Madrid, Rajoy seguía la noche electoral rodeado de su núcleo duro, las personas de su máxima confianza, que no ocultaron su euforia final. «El resultado en Galicia es importante para Mariano», resumió un dirigente del PP.
Mientras en Galicia los populares descorchaban ya las primeras botellas de cava, y los perdedores felicitaban al ganador Feijóo, en el País Vasco el lento escrutinio de los votos flirteaba con el cambio histórico a lo largo de la noche. El relevo del nacionalismo vasco en el poder, algo inédito en esta Comunidad Autónoma, asomaba la cabeza y la volvía a esconder según avanzaba el cómputo de las papeletas, hasta que los constitucionalistas sumaron la mágica cifra de 38 diputados (mayoría absoluta), que permitía a Patxi López alzarse como ganador moral.
Los pactos de López
La victoria, sin embargo, fue del PNV: 30 escaños (de un total de 75), uno más que en 2005, cuando se presentó en coalición con EA. Mientras, el PSE llegó a los 24, frente a los 18 que logró hace cuatro años. Para ser lendakari, López necesitará los diputados obtenidos por el PP, que será determinante si el PSE opta por dar un giro constitucionalista en el País Vasco. Pero requerirá asimismo el único escaño conseguido por el partido de Rosa Díez, UPyD, ya que sólo así sumaría los 38 apoyos imprescindibles. También formaría mayoría con el PNV, un pacto que algunos no descartan todavía.
Los populares, con Antonio Basagoiti como candidato, mantuvieron bien el tipo y se quedaron con 13 diputados, dos menos que hace cuatro años. El resultado dejó muy satisfechos a los populares, que temieron en algún momento una reacción en contra mayor por la marcha de María San Gil de la política, tras las discrepancias que mantuvo en la elaboración de la ponencia política del congreso nacional.

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