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Domingo, 01-03-09
Cambio. Una palabra que vale por dos elecciones, en Galicia y el País Vasco, donde el relevo en sus gobiernos autonómicos puede ser esta noche una realidad. Ningún candidato vasco o gallego ha llegado tan lejos como Alfonso Guerra cuando dijo aquello de «a España no la va a conocer ni la madre que la parió». Pero el posible cambio que se vislumbra en el País Vasco abre las puertas a un giro histórico en aquella comunidad autónoma, gobernada siempre por el PNV. El relevo de Juan José Ibarretxe pondría punto final a la hegemonía del nacionalismo en el poder.
Hoy hay que seguir la noche electoral en estéreo. Por un lado, Galicia, donde Emilio Pérez Touriño ha llegado al día D con la lengua fuera, exhausto y acorralado por los escándalos propios y de su principal aliado, Anxo Quintana, y con encuestas que reflejan una remontada del PP que le devolvería la mayoría absoluta. Por otro lado, el País Vasco, donde pasar página en su historia puede depender de muy pocos votos y escaños, y de alianzas obligadas entre partidos. Y todo sin olvidar Madrid, donde José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy libran su particular combate con armas gallegas y vascas.
En ambas comunidades no hay que perder de vista un número, el 38. Clave fundamental para seguir el recuento electoral desde el primer minuto. Es el número de diputados que, tanto en Galicia como en el País Vasco, otorga la mayoría absoluta del Parlamento autonómico y permite formar gobierno. El partido, o alianza de partidos, que alcance los 38 escaños saldrá a hombros en la madrugada.
Si en Galicia el PP de Alberto Núñez Feijóo consigue 38 diputados, se habrá producido uno de los vuelcos electorales más espectaculares en una campaña. El candidato socialista, Emilio Pérez Touriño, empezó con mal pie la carrera hacia las urnas, cuando ABC desveló el dispendio del presidente de la Xunta en muebles, despachos y coches oficiales. Touriño reaccionó peor que mal en público -sin saber dar una respuesta en rueda de prensa, ni buena ni mala- y en privado y no ha logrado desprenderse del sambenito de despilfarrador de fondos públicos en toda la campaña electoral. Quién puede olvidar, en medio de la mayor recesión económica que recuerda Solbes, y camino de los cuatro millones de parados, la silla de 2.300 euros de Touriño o la librería de 119.559 euros de su despacho. El malestar en el cuartel general de los socialistas por el discurso de su candidato ha sido un clamor.
Touriño ni siquiera ha sabido, o querido, distanciarse de su socio independentista, Anxo Quintana (BNG), una estrategia que es de primero de Políticas para cualquier candidato. Les ha faltado ofrecer mítines juntos. Lo que puso la guinda a la campaña electoral de ambos fue la foto de Quintana tomando el sol en un yate de un constructor, al que luego adjudicó un contrato millonario.
La tierra prometida
La mala campaña de Touriño se ha reflejado en las encuestas. El PP vio cómo la tendencia se daba la vuelta y en algunos estudios de estimación de voto volvía a asomar el edén de la mayoría absoluta, perdida por sólo un escaño hace cuatro años, con Manuel Fraga como candidato. Núñez Feijóo, que se estrena como aspirante a presidente de la Xunta, toca con los dedos la tierra prometida. El resultado puede ser tan ajustado que quizás habrá que esperar unos días para conocer el final de la historia con el recuento del voto de los emigrantes, que en Galicia son el 12,7 por ciento.
Mucho antes de las elecciones, los críticos de Mariano Rajoy advertían que el presidente del PP se jugaba su futuro en las elecciones gallegas y las europeas. Rajoy dejó claro desde el principio, de forma campechana, que él no se jugaba nada, pero lo cierto es que durante la campaña prácticamente no se ha movido de Galicia. El resumen de su quehacer podría ser el último vídeo electoral del PP gallego, donde sólo aparece la imagen de Rajoy, y Feijóo sale de acompañante en los últimos segundos.
Los ecos de la «operación Gürtel», sobre una presunta trama de corrupción que afecta al PP, han llegado lejanos hasta Galicia. Pero la cacería compartida por el ministro Bermejo y el juez Garzón se pegó como una lapa a la campaña y ya no hubo socialista que la despegara, y eso que lo intentaron hasta con la dimisión del máximo responsable de Justicia. Era lo que le faltaba a Touriño, que pidió auxilio a Zapatero. El presidente del Gobierno cambió su agenda para echarle una última mano en la recta final de la campaña.
Para reflexionar
La jornada de reflexión llegó con otra mala noticia para el PSOE. En Andalucía, el PP se les acerca peligrosamente y sólo está ya de uno a tres puntos de distancia, según encuestas publicadas ayer por El País y ABC de Sevilla. Así las cosas, los nervios son comprensibles. El partido en Galicia está abierto y las porras, ante lo incierto del resultado, se multiplican.
Si en el noroeste de España la victoria, sea cual sea, pende de un hilo, tres comunidades más al este, en el País Vasco, hacer un pronóstico del resultado puede resultar más erróneo que las previsiones económicas de Zapatero. Hay que remitirse irremediablemente a las encuestas, y éstas dicen que es más que probable el cambio histórico. Desde 1980, año de las primeras elecciones autonómicas, el lendakari siempre ha sido del PNV. El PSE ganó las elecciones en 1986, pero cedió la presidencia del Gobierno autonómico a los nacionalistas.
Según las encuestas, el candidato socialista, Patxi López, podría formar Gobierno con el apoyo del PP, y si acaso con el partido de Rosa Díez, UPyD, si consigue uno o dos escaños. López ha tratado toda la campaña de ir por libre respecto a los populares y su candidato, Antonio Basagoiti, a los que ha dedicado significativos reproches por su política basada en el «antinacionalismo y antisocialismo». El frente «constitucionalista» de 2001 deparó pésimos resultados y el distanciamiento forma parte de la estrategia. Todo indica que, llegado el momento, se impondría un acuerdo de Estado y el PSE aceptaría gustoso el apoyo del PP para desalojar a los nacionalistas vascos del poder tras 29 años.
Los mismos estudios demoscópicos pronostican una victoria del PNV en las urnas por mayoría simple. La conjunción de fuerzas con Eusko Alkartasuna (EA), IU y Aralar podría situarle muy cerca de los 38 escaños necesarios.
Los votos de ETA
En el resultado final contarán muchos factores. ¿Qué ocurrirá con los votantes proetarras? Estas elecciones son históricas también porque son las primeras a las que no puede presentarse una formación filoetarra. El Tribunal Supremo anuló las listas de los partidos de turno, Askatasuna y D3M, a instancias de la Fiscalía y la Abogacía del Estado. Son 150.000 votos (el 12,44 por ciento, según los datos de 2005), que podrían ser decisivos.
Los filoetarras han pedido a sus acólitos un voto nulo en las urnas. Pero queda por saber qué porcentaje decidirá en el último momento dar un voto útil a Juan José Ibarretxe, que se presenta por cuarta vez como candidato del PNV, ante el «riesgo» de que por primera vez el lendakari no sea nacionalista. «Que el PSE gane sería como ver un cerdo volando», aseguró Josu Erkoreka (PNV). ¿Y quién dijo que no es posible?
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