Sábado, 28-02-09
La reforma de la cornisa del Manzanares ya tiene el plácet definitivo del Ayuntamiento de Madrid. Se lo dio ayer el Gobierno local, con los votos en contra de PSOE e IU, y con la fuerte oposición de los vecinos que acudieron a la puerta de la Casa de la Villa a protestar y alguno de los cuales hizo llegar sus airadas quejas al salón de plenos. Los vecinos anuncian movilizaciones y esperan el fallo del recurso contencioso-administrativo presentado contra el convenio que hace posible esta reforma.
Los planes para la cornisa histórica de Madrid fueron rubricados en un acuerdo firmado entre el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, y monseñor Rouco Varela, en nombre del Arzobispado, el pasado 21 de diciembre de 2007. En virtud del mismo, parte de los 79.000 metros cuadrados de la trasera de la Basílica de San Francisco el Grande se convertían en equipamientos de la iglesia: una residencia para sacerdotes, la Biblioteca Conciliar y la llamada «Casa de la Iglesia», futura sede del Arzobispado madrileño.
Además, también habrá en el ámbito equipamientos de uso público: un polideportivo, una escuela infantil y un centro de mayores, junto con zonas verdes -33.400 metros cuadrados-.
Años de tramitación
La reforma de la cornisa del Manzanares es un viejo proyecto que lleva décadas dando vueltas por los despachos municipales. El anterior alcalde, José María Álvarez del Manzano, ya hizo su intento por llevarlo adelante, pero se encontró con una fuerte oposición vecinal. Ruiz-Gallardón firmó más tarde el convenio con el Arzobispado, que dio paso al desarrollo del Plan de Reforma Interior que ayer recibió luz verde de la Corporación local.
Pero la posibilidad de tocar la histórica cornisa sigue levantando pasiones: ayer mismo pudo comprobarse en el pleno municipal que aprobaba definitivamente el plan. Mientras en la plaza de la Villa medio centenar de vecinos portaban pancartas y coreaban gritos contra la operación, dentro los concejales de la oposición rechazaban la iniciativa.
Una vecina incluso rompió en gritos, desde la tribuna del público, durante el debate de este punto: «¡Queremos parques para nuestros hijos! ¡No queremos cemento para la cornisa!».
La concejal de Urbanismo, Pilar Martínez, defendió la operación que, recuerda, heredaron: «En el Plan General de 1997 se califica este ámbito como equipamiento, y no como zona verde». El convenio firmado con el Arzobispado «disminuyó la edificación prevista por la iglesia de 20.000 a 16.000 metros cuadrados, y se consiguieron suelos para equipamientos públicos y para el parque de la dalieda», situado junto a San Francisco el Grande.
Asegura además que las zonas verdes «que ahora son marginales» se conservarán y serán «el 50 por ciento de todo el ámbito del seminario conciliar». Y recordó que «sólo se ha recibido una alegación al proyecto, y ha sido del PSOE».
Recurso contencioso
Pero sus argumentos no convencieron a la oposición: desde IU se advirtió que el acuerdo -a su juicio «una tropelía»- «afectará de forma irremediable a la cornisa», porque «elimina miles de metros de zonas verdes», todo por la «voracidad insaciable del Arzobispado». Esta coalición espera y confía en la resolución judicial del recurso contencioso-administrativo interpuesto por los vecinos contra la operación.
David Lucas, el portavoz del PSOE municipal, se lamentó de que Ruiz-Gallardón «vaya a tener el dudoso honor de ser el alcalde que tapó la cornisa», con un proyecto que tachó de «fechoría urbanística y atropello histórico».
Lucas equiparó la reforma prevista en la cornisa con otra operación polémica: la construcción de la torre de Valencia, «que Carlos Arias Navarro autorizó y se ha cargado la perspectiva desde Cibeles y desde el parque de El Retiro».
La popular Pilar Martínez hizo suyo que la mejor defensa es un buen ataque, y recordó al portavoz socialista otra obra que se realiza muy cerca de ésta, aunque por iniciativa del Gobierno de la Nación: «El Museo de Colecciones Reales, que está en la misma cornisa, y se ha tramitado por el Consejo de Ministros sin contar con participación de vecinos ni de expertos», mientras que la reforma del ámbito del seminario conciliar «ha pasado por la Comisión de Patrimonio, la Dirección General de Patrimonio, la de Medio Ambiente y otras». Lucas contraatacó: «Llévense bien con la Iglesia Católica, pero no a costa del patrimonio de los madrileños».
La trasera de San Francisco el Grande tiene ahora zonas verdes en diferentes estados de conservación. La operación le parece al Gobierno local una oportunidad para conseguir equipamientos para un distrito muy necesitado de ellos y escaso de suelo donde construirlos, pero la oposición teme que el cemento acabe consumiendo el suelo verde.
En todo caso, es muy probable que el parón inmobiliario y económico actual demore el inicio de esta actuación durante mucho tiempo, pese a que cuente con todos los permisos. Los vecinos, en todo caso, no renuncian a su reivindicación, y ayer mismo organizaban acciones de protesta, que comenzarán este domingo.

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