Empapelan Lazcano con carteles y anuncios que sitúan a Gutiérrez en la diana. «¿Pero tú de qué medio eres?». «Hablaré en la manifestación esta tarde»
Para muchos demócratas es un héroe, para otros se equivocó en las formas pero es comprensible su rabia y para el entorno de ETA es un villano, un «fascista» que ya está en la siniestra diana de los verdugos. No obstante, por encima de cualquier opinión sobre su actitud de atacar la «herriko taberna», hay un dato no sujeto a discusión: Emilio Gutiérrez, «el vengador de la maza», engrosó ayer la ciclópea lista de los exiliados del País Vasco. Una «diáspora» causada por la banda y el apoyo de sus cómplices.
La presión asfixiante orquestada por los proetarras, en forma de pancartas y carteles amenazantes, obligó a Emilio Gutiérrez a poner pies en polvorosa, al parecer a un punto de laComunidad Valenciana. Una huida forzada de quien sabe que su vida está en peligro. La campaña contra él se inició ya en la noche del martes, cuando los amigos de ETA esparcieron por toda la localidad una suerte de «bando» en el que además de identificarle y acusarle se apuntaba como culpables a la prensa y a los partidos PNV, PSE y PP. También aparecieron, como surgidas de la nada, varias pancartas de grandes dimensiones en las que se tildaba a Gutiérrez de «fascista» y se conminaba a los vecinos a asistir a la marcha de repulsa.
Empapelado
Y ayer por la mañana Lazcano amaneció empapelado de decenas de carteles que portaban las mismas consignas, pero que estaban más elaborados, con fotografías del ataque a la taberna. Es una vieja táctica de ETA y sus acólitos: primero se deshonra a la víctima y luego se la asesina. Como si esa «justificación» previa restara dosis de barbarie al crimen. Junto a los carteles del acoso y derribo a Gutiérrez, se podían ver decenas más de propaganda de D3M y unas cuantas pegatinas en las que se llama al PSE «fascista» sobre una bandera de España y junto a una esvástica. Aunque esos «adornaban» el pueblo desde hace semanas.
Un paseo por las calles de Lazcano era como adentrarse en un agujero de tensión, miedo y opiniones inconfesables. Los vecinos consultados desafíaban: «¿Pero tú de qué medio eres?». «Yo hablaré en la manifestación de esta tarde», espeta una señora muy enfadada al ser requerida por ABC. Dominaba el silencio. Gestos de negación con la cabeza y las manos, sobre todo al encontrarse con cámaras de televisión.
«Lo más cerril, lo más absurdo y lo más intolerante». Así define una vecina de Lazcano la bomba que ETA colocó en la sede del PSE. Y es que Angelines, como otros muchos ciudadanos, cree que no conviene olvidar que, aunque no esté bien coger una maza y tomarse la justicia por su mano, en el inicio de ese brote de ira contra el miedo imperante está la bomba que destruyó los pisos de Gutiérrez y otros vecinos. Es una mujer riojana que supera los 70 años. Se trasladó a Lazcano para encontrar trabajo.
En línea con lo manifestado por los partidos, ella no está de acuerdo con el ataque a la taberna, porque «con el ojo por ojo no se soluciona nada», pero comprende lo que pasó. Además, narra que una amiga que presenció el ataque lo pasó muy mal. Y rememora el caso de un empresario que tenía «una fábrica de pastas» y que tuvo que marcharse con toda su familia porque ETA lo amenazó. Tiene miedo a ir a votar, pero cree que irá. En la zona del pueblo donde se encuentra la sede del PSE y la casa de Emilio, los vecinos también son reacios a manifestarse, pero cuando por fin acceden le definen como «muy buena persona» o «muy tranquilo».
Mientras en Lazcano los proetarras desprestigiaban a Emilio Gutiérrez y preparaban su marcha contra el «fascismo», en Internet ya se habían creado blogs y perfiles de redes sociales que defienden a Gutiérrez y se solidarizan con él por su exilio obligado. Incluso, se ha creado una cuenta para ayudarle a sufragar los posibles gastos del juicio al que será sometido por su acción. Entre algunos vecinos ya se le considera un «herriko mendekari» (vengador del pueblo).



