ANA MATEOS_ Experta en Paleobiología del CNIEH
Ana Mateos: «Seguimos como en Atapuerca: omnívoros y depredadores»
-Es especialista en paleobiología, una de esas ocupaciones que llevarían a decir al torero Paquiro aquello de «hay gente pa «tó»». ¿Desde niña ya le dio por ahí?
-Bueno, me encantaban la egiptología, la Cueva de Altamira... Así que ya iba encaminada.
-Investiga en Atapuerca, espejo de lo que fuimos.
-Desde 1997, recién licenciada.
-¿Por qué se da tanta importancia a ese paraje burgalés para descifrar las claves de nuestros orígenes?
-¡Reúne tantas cosas! Para empezar, tenemos allí restos fósiles de dos especies humanas y restos de actividad humana de todas las épocas, pues desde hace 1,3 millones de años hasta nuestros días la sierra ha estado poblada. De hecho al lado está el Camino de Santiago. Y, sobre todo, está la singularidad de la Sima de los Huesos, única en el mundo.
-Al haberse hallado en ella muchas osamentas juntas, la Sima aporta indicios, supongo, de cómo se interrelacionaban aquellos individuos.
-Nos plantea el reto de averiguar por qué estaban allí, pues fueron acumulados por otras personas. Eso indica, como poco, una preocupación por salvaguardar a los congéneres, a otros miembros del grupo cuando morían.
-Todo un rasgo de «humanidad».
-Sí, porque pensamos que esas características sólo las tiene el Homo Sapiens y en los neanderthales también se daban.
-¡Pero ahora sabemos que de los neanderthales no procedemos! Nos engañaron los libros de texto con aquel dibujo de una sucesión de homínidos cada vez más erguidos...
-Siempre habíamos pensado que en el árbol evolutivo después de un homínido llegaba otro y lo sustituía, pero hoy sabemos que no es un árbol lineal, sino con muchas ramas. Nos llevó a pensar eso el hecho de que ahora en el planeta sólo hay una especie humana, pero durante muchos millones de años hemos coexistido con otras.
-¿Y competido?
-Por supuesto. Por ejemplo, neanderthales y sapiens han competido y convivido en el Próximo Oriente y en Europa.
-Está estudiando cómo era la dieta de los hombres de la Sima y sus pautas reproductivas. ¿Arroja tantas certezas una pila de huesos?
-Ya el análisis de los propios fósiles da mucha información. Por ejemplo, los dientes.
-Esto es el CSI del Pleistoceno.
-Algo así. El equipo que yo dirijo está volcado ahora en averiguar el gasto energético de las madres gestantes y lactantes. Las hipoplasias del esmalte dental, que son surcos parecidos a las estrías de las uñas, nos indican parones en el crecimiento debidos a cambios de alimentación. Así, deducimos que el destete se producía hacia los tres años y medio. Y ahora daremos un paso más con los análisis que se llevan a cabo con isótopos. Sabiendo la cantidad de isótopos de carbono, oxígeno o nitrógeno que se deposita en los huesos, podemos conocer qué componente de alimentación vegetal o animal está acumulada ahí.
-¿Ya eran omnívoros?
-Sí. y quizá lo más importante es que no hemos dado importancia a su consumo de vegetales cuando hoy pensamos que constituía un 50 ó 60 por ciento de la dieta base. La carne a menudo era de pequeños mamíferos, reptiles o anfibios pues, al fin y al cabo, no siempre se tenía éxito en la caza «mayor» ni se disponía de chuletón de bisonte.
-¿Sus investigaciones le dan otra perspectiva sobre los seres humanos de hoy?
-¡A veces da pena que hayamos llegado a una tecnología impresionante y luego demos pasos hacia atrás!
-Al menos ya no nos zampamos unos a otros.
-También tenemos canibalismo ahora. El comportamiento depredador en los humanos es casi instintivo.

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