Últimos días para el viejo mercado
ELENA CARRERAS Del antiguo mercado sólo se conservará la torre de entrada Aspecto de la nave, con sus cinco arcos de hormigón, en el momento de su inauguración
Lunes, 23-02-09
No tiene las dimensiones del mercat de Sant Antoni, tampoco su popularidad, apenas se habla de él en los medios, pero para el barrio del Guinardó su mercado es un asunto capital, y la aplazada reforma, encallada durante años, un serio problema.
Diversas aristas han convertido lo que es una transformación más o menos consensuada con el barrio en una polémica de lo más peculiar: por un lado, la numantina lucha de una paradista, que con sucesivos recursos apelando al valor arquitectónico del recinto y con el apoyo de grupos de defensa del patrimonio, ha conseguido parar la piqueta durante meses; por otro, el distrito de Horta y buen número de asociaciones y vecinos de la zona, que confían en sacar adelante cuanto antes la reforma que debe revitalizar el entorno. Sobre el actual mercado y los terrenos adyacentes está previsto levantar lo que desde el Ayuntamiento se denomina isla de equipamientos, siguiendo el mismo modelo usado por ejemplo en Fort Pienc.
Obra de Bonaventura Bassegoda
Previsto para abril de 2008, pero parado por orden judicial, el derribo del antiguo mercado parece que podrá llevarse a cabo en el plazo de una semana. Fuentes del distrito de Horta-Guinardó y del sector de Urbanismo explicaron a ABC que están a la espera de que de forma inminente el juzgado levante la orden de suspensión cautelar del derribo, una vez que tanto el Ayuntamiento como la Generalitat hayan desestimado las peticiones para que el mercado sea declarado bien de interés local, o nacional, la única forma que tenía de salvarse. En paralelo, el pleno municipal del pasado viernes aprobó de manera definitiva el plan urbanístico para la zona.
El mercado del Guinardó, en el momento de su construcción mercado de abastos, se inauguró en 1954 y es obra del arquitecto Bonaventura Bassegoda Musté (1896-1987). Según los planes municipales, del actual recinto sólo se conservará la torre de entrada -que se aprecia en la imagen-, reservando para la piqueta el que es arquitectónicamente su rasgo más peculiar: una inmensa nave diáfana cuya cubierta soportan cinco grandes arcos de hormigón de 30 metros de luz.
El catedrático de la Escuela de Arquitectura de Barcelona Joan Bassegoda Nonell, hijo del autor del mercado, denuncia la que puede ser la desaparición para el patrimonio de la ciudad de una obra remarcable. A Bassegoda Musté se le considera uno de los grandes especialistas en España en el uso del hormigón armado, del que el mercado del Guinardó es un claro ejemplo. Anteriormente, su aportación durante la Guerra Civil a la construcción de refugios con su estudio «Defensa pasiva antiaérea» le granjeó problemas en 1939.
Bassegoda Nonell defiende la conservación del conjunto como «obra singular de arqueología industrial», una pretensión que cuenta también con el apoyo de la Real Academia Catalana de las Bellas Artes de Sant Jordi, la Real Academia de las Ciencias y las Artes de Barcelona y el Departamento de Estructuras de la Escuela de Arquitectura de Barcelona.
En cualquier caso, y pese a estos apoyos, el destino de la nave es la piqueta. Desde el distrito se apunta a que en su momento se valoraron todas las opciones, incluyendo la conservación íntegra, pero que al final se determinó que para un mejor aprovechamiento de los futuros equipamientos había que derribar una parte. «No tomamos la decisión a la ligera, y si hay un un proyecto discutido y consensuado con los vecinos ese es el del mercado», precisan fuentes municipales.
En la futura isla de equipamientos debe ubicarse un nuevo CAP, una residencia de ancianos, pisos sociales y el nuevo mercado, de dimensiones mucho más reducidas que el actual, ahora trasladado a una carpa provisional. En la planta subterránea se construirá un parking para 300 coches.
Al margen de la polémica arquitectónica, la paralización de la reforma ha crispado los ánimos entre los vecinos y comerciantes partidarios de la misma y los que se oponen, encabezados casi en solitario por María Ana Manzanera. Esta paradista fue expropiada de manera forzosa; luego, interpuso recurso judicial amparándose en la petición para que el mercado fuese declarado bien protegido.
Ahora, cuando el recorrido judicial parece tocar a su fin, los comerciantes partidarios de la transformación lamentan el tiempo perdido, entendiendo que estos meses sólo han contribuido a degradar más un entorno necesitado de reformas. Por contra, quienes abogan por la conservación de la nave, denuncian que la degradación de la zona y el retraso en el mercado es de años -de hecho la reforma estaba prevista para el mandato 2003-2007-, por lo que ahora no viene de unos meses.

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