Domingo, 22-02-09
Dicen que no es momento para bromas: la economía se hunde, los bancos se tambalean y se avecina la debacle de casi todo, en la forma de un apocalíptico «tsunami» de «ninjas» hipotecados. Esto es muy serio, señoras y señores.
Nosotros, sin embargo, creemos que sí es momento para las bromas. Más que nunca. Los psicólogos consideran el sentido del humor una de las herramientas más eficaces a la hora de encajar las bromas que la vida nos va gastando. Por otro lado, ya dice la sabiduría popular que es mejor reír que llorar. Y ahora más que nunca, porque el presupuesto no da para tanto Kleenex...
Se cuenta que en la Guerra Civil, durante el juicio sumarísimo que precedió a su fusilamiento, el genial escritor cómico Pedro Muñoz Seca declaró a sus carceleros: «Podréis quitarme las monedas que llevo encima, podréis quitarme el reloj de mi muñeca y las llaves que llevo en el bolsillo, podréis quitarme hasta la vida; sólo hay una cosa que no podréis quitarme, por mucho empeño que pongáis: el miedo que llevo encima». Evidentemente, tampoco pudieron quitarle el ingenio.
Otro célebre fusilado fue Miguel Gila, pero, afortunadamente, en este caso su pelotón estaba borracho, y como él solía contar, le «fusilaron mal». Gracias a tal disparate (nunca mejor dicho), dedicó el resto de su vida a mostrar el lado cómico de un conflicto nada divertido: «Oiga, ¿es la guerra? Pues que se ponga el enemigo. Que hoy no ataquéis de 4 a 6 porque dan el Tour...»
Si es posible bromear hasta en la guerra, ¿no será posible afrontar también esta recesión, o deceleración acelerada, o coyuntura económica adversa, o como se le llame, con humor? Por supuesto. Y de hecho, si nos fijamos, el humor no está en crisis. Al contrario, los viñetistas y los monologuistas están en su mejor momento, y circulan por Internet genialidades como el vídeo de los cómicos ingleses John Bird y John Fortune explicando por qué los fondos de «hipotecas basura» resultaban tan atractivos para los inversores (es que una cosa es la basura maloliente, y otra bien distinta el prestigioso y engominado «Fondo de Apalancamiento Mejorado de Crédito Estructurado de Alto Grado» de Bear Sterns). O la broma de que «2009 será el Año del Consumismo» (o sea, con su mismo coche, con su mismo abrigo, con su mismo par de zapatos...). Incluso parece que los ejecutivos de Hollywood están preparando más comedias de lo habitual, porque saben que en estas épocas, la risa es casi una necesidad.
Evidentemente, no se trata de trivializar la gravedad de la situación. Ni podemos, quienes tengamos responsabilidades directivas, eludir las decisiones serias que nos permitirán afrontar esta travesía por el desierto helado que nos espera. Pero ante este panorama, conviene recordar el ejemplo del legendario explorador de la Antártida Ernest Shackleton. En el momento de abandonar definitivamente el buque Endurance, inutilizable ya por el hielo, Shackleton pidió a sus hombres que redujeran al mínimo los objetos personales, arrojando él mismo al mar casi todas sus pertenencias, incluida su biblia. Pero cuando Leonard Hussey, el meteorólogo, se preparó para abandonar su banyo, Shackleton le detuvo, diciendo: «Ese banyo lo vamos a necesitar si nos quedamos sin comida, es una medicina mental vital». A lo largo de los largos meses de dura lucha contra los elementos, consiguieron mantener el buen humor del equipo con las hilarantes canciones con las que cada miembro de la expedición, acompañado por el banyo, tomaba el pelo a alguno de sus compañeros. Convendría que quienes tengan que diseñar estrategias y reducir presupuestos en los próximos meses se preguntaran: «¿Habrían sobrevivido los hombres de Shackleton sin ese banjo?»

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