POR E. ARMORA
FOTO ELENA CARRERAS
BARCELONA. El célebre pintor asturiano Dionisio Fierros, que dejó uno de los legados más importantes en pintura realista, nunca hubiera imaginado que una de sus obras, la que inmortaliza a Enrique III de Castilla, luciría al lado de un microondas destartalado, dos fogones eléctricos y un montón de tazas de café con restos de bollería.
El cuadro, que pertenece a la pinacoteca del Museo del Prado y fue cedido a la Universitat de Barcelona (UB) en el último tercio del siglo XIX, lleva tres meses decorando la que se ha convertido en la cocina del hogar anti-Bolonia, en el edificio histórico de la universidad. Los encerrados vuelven a estar en el ojo del huracán; esta vez por poner en riesgo este preciado patrimonio del centro, que se completa con otras cinco obras. El rector Dídac Ramírez mantiene la calma y apuesta por debatir con los estudiantes el asunto, que ha sido denunciado en los medios. Su postura es complicada. Por un lado, intenta no romper el diálogo con los encerrados y, por otro, calmar los ánimos del director de El Prado, que se mantiene pegado al teléfono exigiendo garantías sobre la integridad de las piezas. Para suavizar los ánimos, el rector ha decidido encargar a un equipo de expertos del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) que analicen el estado de las piezas.
Examen del MNAC «Aún no hay resultados definitivos, pero los técnicos han adelantado que las obras están en buen estado», indicó Ramírez en declaraciones a ABC, quien avanzó también que el diagnóstico se remitirá a las autoridades del Museo. Mientras, y como medida preventiva, el rector ha pedido a los encerrados que mantengan una distancia prudencial con las obras. De eso hablarán, precisamente, el lunes en un encuentro que mantendrán los estudiantes, con el rectorado y personal del PAS. Al parecer, los anti-Bolonia tienen algunas propuestas que elevar al rector. Aseguran que serán flexibles «en bien de la conservación de las obras y del edificio». «No entiendo por qué se ha armado tanto revuelo. Fuimos los primeros en pedir que precintaran las obras y las trasladaran», afirma Julio, portavoz de los encerrados. Sobre la posibilidad de abandonar el espacio en el que están los cuadros afirma que «deberán demostrarnos que hay riesgo. Aquí no cocinamos». En el corazón de la UB, la polémica hierve al tiempo que el café.