Viernes, 20-02-09
Víctimas del terror. Se ha avanzado en el reconocimiento de las víctimas aunque es cierto que queda mucho camino por recorrer. Fortalecer la memoria, tener presente el recuerdo de quienes han sufrido el zarpazo del terrorismo es un imperativo moral y un deber democrático. Instituciones, partidos y ciudadanos estamos obligados reivindicar memoria, dignidad y justicia. Durante demasiado tiempo las víctimas sufrieron primero el golpe de ETA y después la indiferencia cuando no, en ocasiones, el desprecio de una sociedad que prefería cerrar los ojos.
Años de plomo. En la época más sanguinaria, los años del plomo, los familiares de los asesinados, en su mayoría de las Fuerzas de Seguridad, tenían que sufrir el oprobio de enterrar a sus seres queridos en la más absoluta soledad y sacar los féretros por la puerta de atrás, con la cabeza baja. El terror juega siempre a favor de los violentos, sin embargo el hartazgo, la indignación y la rebeldía se han impuesto al miedo y la sociedad ha dado muestras de su rechazo a ETA y de su solidaridad con las víctimas. El asesinato de Miguel Ángel Blanco fue un punto de inflexión indudable en este triunfo de la razón y del espíritu democrático sobre la sinrazón y la barbarie.
Homenaje. En consonancia con ese espíritu de unidad contra ETA, es imprescindible una deslegitimación permanente de los asesinos y un reconocimiento constante de las víctimas. Ayer los demócratas participamos juntos en Vitoria en el homenaje a Fernando Buesa que organiza la Fundación que lleva su nombre. Basagoiti, presente también en este acto, apuesta por la pedagogía en su programa con la inclusión en la Escuela vasca de la memoria de las víctimas.

