Jueves, 19-02-09
EVARISTO AMADO
O BARCO/CARBALLIÑO. Mariano Rajoy apeló ayer a las últimas elecciones generales, en las que celebró dos cara a cara con el actual presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para desmontar las teorías del bipartito gallego acerca de la imposibilidad de celebrar un duelo a dos en las elecciones gallegas. Rajoy tildó de cobarde al titular de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, por negarse a debatir «si no es dos contra uno».
«Aquí sólo hay dos candidatos: un candidato es el señor Feijóo, y otro el señor Touriño. No tiene sentido que se impida la celebración de un debate y el señor Touriño se esconda y no dé la cara», defendía el dirigente pontevedrés. «Yo mismo paticipé en un debate en las últimas elecciones con Zapatero: como todo el mundo sabe, éramos los dos únicos con posibilidades reales de acceder a la presidencia», prosiguió Rajoy.
El líder nacional del PP no niega que la decisión de acudir o no al encuentro de TVG, a día de hoy zanjada, «la toma el señor Núñez Feijóo, que es el candidato a la presidencia de la Xunta, y no yo». «Lo único que puedo decir es que no me parece razonable que el señor Touriño se niegue a debatir con el señor Núñez Feijóo», alegaba.
Los cálculos del PP pasan por mantener los escaños en todas las provincias y conseguir el definitivo, el 38, el que da la mayoría absoluta, en Pontevedra. El último asiento de Ourense, según aseguraba ayer el presidente de la corporación provincial, José Luis Baltar, será una pugna entre PP y BNG. Para Rajoy, la meta del PP en la provincia es «ganar de forma holgada».
Coches, sillas y mojitos
La economía centró los principales compromisos de Rajoy en Valdeorras, donde lanzó la apuesta del PP por la pizarra y el vino, dos fuentes tradicionales de riqueza en la zona. Frente al esfuerzo por dejar atrás la grave crisis que padece todo el país, blandió «el coche, las sillas, y los mojitos» del bipartito, «que sólo sirvió para el dispendio del dinero público».
Rajoy destacó la buena posición económica heredada por el gobierno de Emilio Pérez Touriño, en la que se encontraba Galicia al inicio del mandato coaligado; y la contrapuso a la situación actual. También alabó las medidas anunciadas por Feijóo, referentes a las rebajas en los impuestos de sucesiones y donaciones, actos jurídicos documentados e IRPF.
El gasto público, que sigue siendo una de las principales acusaciones del PP a los gobiernos central y gallego, salpicó toda su intervención: «Hoy la Comisión Europea ha dado un varapalo al gobierno español, por su excseivo déficit público. Lo único que está haciendo el gobierno contra la crisis es gastar el dinero», espetó.
Como medida de reactivación, también reiteró la necesidad de facilitar liquidez a los ayuntamientos para reactivar la economía de las pequeñas empresas, con las que la administración local mantiene deudas. «He pedido hasta la saciedad una línea de crédito a los ayuntaminetos, para que puedan afrontar la deuda que tienen con las pymes» Y también se acordó Rajoy de un Plan Galicia «paralizado».
Tras paradas en Rubiá, Castrocaldelas y Esgos, Rajoy llegó con retraso a O Carballiño, su última parada de la jornada de los 782 kilómetros. Allí, entre preguntas de las asistentes a un encuentro con mujeres, denunció el incumplimiento de la Ley de Dependencia por parte de Zapatero («Ha hehco una ley que no tiene dinero», dijo) y Quintana, el responsable de su aplicación en Galicia. «El Bloque es la muleta de Touriño», denunció, y concluyó que «Touriño no puede tener un coche mejor que el de Obama, ni la Xunta puede comprar sillas que valgan 2.300 euros. Es un ejemplo nefasto, no es hacer pedagogía», apostilló.

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