Escritor neoyorquino, máximo exponente de la Generación Offbeat. Su ultimo libro, «Colgados en Murder Mile», brutal ejercicio de prosa descarnada que llega a dulcificar las novelas del propio Bukowski, llega a España en primavera
Actualizado Lunes, 16-02-09 a las 13:20
Tony O’Neill es un joven y lúcido escritor estadounidense, casado con Vanessa y padre del pequeño Nico. Tony es ahora todo eso y mucho más, al situarse a la cabeza de la Generación Offbeat, como máximo representante y mejor ejemplo de lo que este movimiento literario significa. Pero antes de afianzarse en la cima del punk literario, O’Neill tuvo una convulsa existencia de drogas, alcohol y rock and roll.
De hecho la literatura fue su mejor redención, la metadona narrativa que le salvó de morir víctima de una sobredosis durante su estancia de yonqui en Los Ángeles. Miembro de bandas como The Marc Almond Band o Kenickie, la música se convirtió en un arma de doble filo que le arrojó a un (con)sentido frenesí de extenuantes giras regadas con interminables fiestas. Se pasaba el día colocado hasta que Dan Fante apareció en su vida. “Es el escritor que mayor influencia ha ejercido en mí. La primera vez que leí sus libros fue una revelación porque por fin sentí que todos mis escritores favoritos no estaban muertos”, cuenta un sincero O’Neill.

Un oportuno descubrimientoEl descubrimiento de que, efectivamente, ahí fuera había más personas como él, víctimas de una existencia barroca, triste y oscura, fue el impulso que le llevó a coger la pluma y escribir su primera novela, “Digging The Vein” (Contemporary Press, 2006). “Si no hubiera robado el libro de Dan cuando estaba enganchado a la heroína, nunca me hubiera animado escribir mi propia historia”.
A partir de ese momento Tony empezó a escribir con frecuencia y a publicar sus relatos y poemas (Tony fundó en 2006 junto a Adelle Stripe y Ben Myers, también insignes offbeats, el movimiento poético The Brutalists), online en lo que él define como un ejercicio “increíblemente democrático”. Así, mientras los grandes escritores se mantenían (y siguen haciéndolo) al margen de Internet, “para los escritores más jóvenes era nuestro medio natural”. Un caldo de cultivo que fue reuniendo a toda una generación que tenía libertad para publicar su trabajo “sin tener que esperar seis meses para recibir una respuesta formal de la revista literaria de moda que incluso publicaría la lista de la compra de Joyce Carol Oates si ésta se la enviara”. Los escritores empezaron a entablar contacto vía e-mail hasta desembocar, como al propio Tony le gusta definirlo, “en una especie de competición amistosa y de algún modo la gente comenzó a hablar de nosotros como grupo y así nació el término Generación Offbeat”.
Su exitoso recorridoTres años después Tony O’Neill ha publicado ya cuatro novelas. La última de ellas, “Down and Out On Murder Mile” (Harper Perennial), llega a España en primavera (El Tercer Nombre) después de un exitoso recorrido por Estados Unidos. Y es que la crítica, que en su día llegó a definir “Digging The Vein” como el libro de la década comparándolo con el “On The Road” de Kerouac, siente devoción por este arriesgado autor. Puede que esa devoción se deba, precisamente al riesgo que Tony, junto al resto de offbeats, está dispuesto a correr para espabilar a la constreñida escena literaria actual.

“Compartimos una ira y un sentido de la urgencia más que una característica estética que nos defina como miembros de un movimiento literario”, explica un vehemente O’Neill. “Los escritores contemporáneos que merecen la pena son gente como Dennis Cooper, el propio Dan Fante, Laura Hird, Stewart Home… todos ellos autores prolíficos pero situados en el margen de una industria literaria cuyos mitos son Dave Eggers y Safran Foer –continúa el escritor offbeat-. A estos últimos se les considera las voces de una generación, pero si Dave Eggers es la voz de una generación siento mucha lástima por esa generación”.
Piedras angulares... y literariasY es que las voces que ejercieron de piedras angulares de la educación literaria de Tony O’Neill fueron, como él mismo reconoce, Burroughs, Bukowski, Selby, Trocchi y Huncke. No obstante, el libro de cabecera de este autor, practicante del estilo narrativo confesional en primera persona, es "El Almuerzo Desnudo" de William S. Burroughs, “para mí el mayor trabajo de la literatura americana del siglo XX. Igual que hay gente a la que le gusta abrir la Biblia y tomar una lección, yo puedo abrir esa novela cualquier día y sentir que he aprendido algo nuevo que nunca antes me había dado cuenta de que estaba allí”.
Nuevas e interesantes lecciones que el propio O’Neill transmite ahora a sus (muchos) lectores, en un claro trasvase generacional tan positivo como constructivo. “No tengo tiempo para las relaciones sociales porque soy una persona bastante introvertida. Tal vez esto viene de haber pasado la mayor parte de mi juventud metido en temas de drogas, lo que me aisló bastante del resto de la gente. Me acostumbré y aún hoy sigo haciéndolo”. Aunque no hay mayor introspección externa que el ser capaz de desnudar un alma atormentada mediante palabras y conseguir que esa narración haga vibrar al más común de los mortales.
Vibración que llega también de la mano de los acordes musicales que siempre acompañan los trabajos de Tony O’Neill. Incluso al final de su último libro aparece una banda sonora escogida por el autor con temas de Primal Scream, The Ramones o My Bloody Valentine, entre otros. Las influencias musicales, “tan importantes como las literarias”, de un autor que, sin duda, dará que hablar en el futuro y del que muchos ya están “colgados”.

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