Lunes, 16-02-09
La industria editorial es aburrida, está embotada y desprende cierto tufillo rancio. No es una sentencia categórica de un crítico cabreado ni la reflexión concienzuda de un intelectual con complejo de Nostradamus. Es el pensamiento y la bandera literario revolucionaria de un nuevo grupo de escritores con sede en la web y que se (auto)definen como Generación Offbeat.
Qué menos se podía esperar de los potenciales sucesores de Charles Bukowski, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William S. Burroughs y compañía. Autores enraizados en la libertad y el compromiso, filosofía de la que dieron cuenta en sus años de lucha literaria con las armas de la razón hecha palabra.
Los años han transcurrido y el discurso se ha transformado, al igual que las armas para defenderlo. Pero la raíz prendió con fuerza en una generación de jóvenes que creció leyendo el «Junky» de Burroughs, novela que describe el oscuro laberinto de la drogadicción sin ejercer de falso predicador para el lector, sin miedo a llamar a cada cosa por su nombre. Así, llamando a las cosas por su nombre y leyendo, sobre todo leyendo, fue como este grupo de autores fue regando su propio discurso.
Un discurso que se vertebra en un nuevo y excitante trabajo de ficción, que corre riesgos y que empieza a generar demanda en cuantos lectores se topan con él casi sin pretenderlo. Y es que, demasiado ácidos, diferentes y afilados para la industria editorial tradicional, la Generación Offbeat se esconde (de momento) en los amplios márgenes de la web y en alguna editorial independiente.
«3:AM Magazine»
El primero en usar el término Offbeat (y por tanto quien lo acuñó) fue Andrew Gallix, responsable de la revista online 3:AM Magazine. De eso hace ya casi tres años aunque, como Andrew reconoce, «el movimiento llevaba bastante tiempo emergiendo. Es un poco lo que pasó con el punk, al principio no tenía nombre y mucha gente no sabía que existía».
Un desconocimiento que se disipó a medida que los grupos fueron proliferando en el ciberespacio. Eran escritores, guionistas, periodistas, bloggers, artistas... con un interés común por la literatura pura (sin artificios), que empezaron a gravitar alrededor de 3:AM y a organizar lecturas, conciertos e incluso festivales. «Fue en esos eventos donde comenzaron a establecerse las relaciones -explica Gallix-.
Origen
La primera vez que fui consciente de que había aparecido un nuevo movimiento fue en el baño de Filthy Macnasty´s (uno de los pubs londinenses preferidos por Pete Doherty), cuando Lee Rourke (escritor y a la postre integrante de la Generación Offbeat) se abalanzó sobre mí y empezó a hablar de la enorme revolución literaria que habíamos iniciado. Aquello fue realmente el comienzo».
Un inicio virtualmente surrealista para un movimiento con integrantes de carne y hueso. Son muchos los offbeats que, incluso sin saberlo, engrosan la lista de esta generación, pero, si hubiera que etiquetar al movimiento, cabría decir que se caracteriza por la variedad de voces y estilos y la ausencia de reglas (aquí no hay manifiestos). «A pesar de la diversidad, muchos offbeat comparten características. La mayoría son británicos, treintañeros y creen que la escritura es mucho más que un mero entretenimiento», enfatiza Gallix.
La lista es interminable y suena francamente bien. Noah Cicero (novelista estadounidense a medio camino entre Samuel Beckett y The Clash), Ben Myers (autor inglés mezcla de Richard Brautigan con Lester Bangs), Adelle Stripe (poeta londinense heredera del cinematográfico «realismo de fregadero» de Sidney Lumet), el propio Andrew Gallix (el Rimbaud de la red), Tom McCarthy (novelista estadounidense afanado en la deconstrucción de una nueva idea de novela), HP Tinker (joven inglés al que comparan con Pynchon y Barthelme), Tao Lin (el aventajado protegido de Miranda July -a quien pronto veremos publicada en nuestro país gracias a Seix Barral-) y los primeros (parece que las editoriales empiezan a tomar apuntes) que aterrizarán en España: Chris Killen, cuya novela «The Bird Room» será publicada este año por Alfabia, y Heidi James y Tony O´Neill, ambos con El Tercer Nombre.
Todos ellos influidos por el particular lirismo de Tom Waits, Lou Reed, Scott Walker o David Bowie, de la misma manera que estos sintieron la influencia de los autores de los que la Generación Offbeat es heredera. Aunque también están los que prefieren huir de las comparaciones. Tal es el caso de Heidi James, para quien la comparación es un poco «perezosa, basada en el hecho de que evitamos formar parte de la corriente principal». Esta joven autora británica, que en marzo publicará su primera novela en España («Carbono», Ed. El Tercer Nombre) y que se confiesa fascinada por Lynne Tillman, Clarice Lispector, Marie Darrieussecq, Angela Carter o Virginia Woolf, es dueña de su propia editorial en el Reino Unido, Social Disease. Con ella, que debe su nombre a la famosa frase de Andy Warhol -«Tengo una enfermedad social. Tengo que salir todas las noches»-, Heidi ha logrado publicar «literatura única y genuina al margen de su valor en el mercado».
La propia Heidi James, en una prueba evidente de que el movimiento está coordinado y sabe hacia dónde se dirige, ha publicado a autores como HP Tinker o Lee Rourke pero, sobre todo, a Tony O´Neill, el máximo exponente de los offbeats. Este joven neoyorquino, devoto de Bukowski, responsable de una prosa brutalmente descarnada, ex heroinómano, ha publicado ya cuatro novelas y se erige en líder del movimiento con ansias de seguir reclutando adeptos.
Como su propio nombre (offbeat) indica, una generación extraña e inusual de escritores, con espíritu punk y ganas de comerse a la industria literaria actual. El mundo anglosajón ha sido testigo de los primeros bocados. En España está al caer, ¡Que tiemble Zafón!

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