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Guiris por soleares
Viernes, 13-02-09
ESTA semana hemos tenido noticia de la enésima amenaza de la UE para congelar los fondos a España, si no corrige los abusos urbanísticos. Son tres los urdidores de la amenaza: la cabecilla es la señora Magrete Auken, del partido socialista danés; y los corifeos son Hammerstein, el valenciano del PSOE, y Meyer de IU. Los tres forman parte del grupo de los verdes, es decir, pseudopacifistas antisistema. Estos ilustres representantes nuestros, al menos como si lo fueren les pagamos sueldos y prebendas, son los padres del «informe Auken», el cual pone a caer de un burro el modelo de crecimiento urbanístico español y, especialmente, el de la costa mediterránea.
Es curioso, en nuestra Comunidad, salvo alguna excepción que ignoro, no se ha realizado ni una sola actuación urbanística vulnerando la ley de costas. Sin embargo, no podemos decir lo mismo del recién terminado complejo en la isla de Arosa. Irónicamente está situado a veinte metros de la playa y en él han adquirido su segunda o tercera residencia los socialistas, Pepiño Blanco, Zarrías, Varela o Vázquez.
Ya estoy un poco harto del vilipendio al urbanismo valenciano. Aquí lo que hay es mucha hipocresía y un intento deliberado de criminalizar a todos los alcaldes de los municipios costeros, a quienes se convierte, por hipótesis, en depredadores del patrimonio ecológico. Lo que subyace detrás todo esto se descubre leyendo el proyecto de informe detenidamente, y no es otra cosa que un problema de pago de tasas urbanísticas.
Algunos residentes extranjeros se han convertido en adalides de la denuncia urbanística, aduciendo un victimismo indecente, pues llevaban años pidiendo recibir mejores servicios municipales. La cuestión comienza con la adquisición de un chalet ilegal, fuera de toda ordenación, mayormente so capa de casa de aperos. A partir de ahí, cuando el Ayuntamiento correspondiente intenta, a través de una actuación integral, urbanizar y dotar de servicios a aquellas construcciones que carecían de licencia, estos residentes han puesto el grito en el cielo de Bruselas sintiéndose expoliados. Al final, los verdes con los ilegales, todo tan absurdo como un guiri arrancándose por soleares.
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