El lector
EE.UU., Alemania | 2008 | 124 minutos | Género_Drama | Director_Stephen Daldry | Actores_Kate Winslet, Ralph Fiennes, David Kross, Lena Olin, Bruno Ganz, S
Viernes, 13-02-09
El recorrido de esta película es enorme, tanto en el tiempo como en la trama o el tema, y estos tres elementos se sostienen y sustentan sobre un personaje, una mujer, papel que interpreta Kate Winslet con grandes dosis de talento, complejidad y maquillaje, pues su historia se cuenta desde el Berlín post segunda guerra mundial hasta una fecha próxima a la actualidad. El director, Stephen Daldry, no adapta sino que se adapta a la novela de Bernhard Schlink y fracciona y organiza la narración en diversos tiempos y cada uno de ellos contiene su propia trama y tema: una romántica historia de amanecer amoroso entre un muchacho y una mujer que le propone el peculiar intercambio de sexo por lecturas; el tiempo del juicio y del veredicto, con una mujer acusada de haber colaborado en un campo de exterminio nazi que se debate entre dos sentimientos, la vergüenza de no saber leer y la angustia por lo que ha hecho , y el tercero coincide con el desenlace, que te propone algunas ideas acerca de la proximidad de solución y absolución. O más adecuado: la lectura no limpia el pasado, pero sin duda aclara el futuro.
«El lector» tiene dentro y no oculta un gran embrollo moral, pues maneja conceptos, sentimientos y complejos como el de culpa, el de inferioridad, apoyo o compasión que encajan a duras penas con el pico curvo del nazismo, y además permite y alienta la idea de que su historia individual solapa a la general, es decir, que la ingenuidad y la ignorancia de una mujer simboliza y alude a la de todo un pueblo... Hay, pues, en el alma de la película una idea controvertida, discutible.
En el cuerpo, en cambio, está la presencia incontestable de Kate Winslet, en el dificilísimo cometido de humanizar a la bestia, de colocar en la misma estantería de su gesto la incomprensión, la firmeza, la simpleza, la crueldad y la dignidad, como si todo ello pudiera convivir junto. Para que la moral de la película funcione, se necesita el personaje que encarna Ralph Fiennes, el testigo, el narrador, el abogado, el encargado de proporcionar otro singular intercambio: lecturas por culpa. El asunto está en que a la vez que le da soporte o altura ética a la historia (la lectura como redención), le rebaja altura cinematográfica, pues no encuentra otros recursos el director más que algunos clichés en cuanto a los planos, a los tonos nostálgicos, a la narración plana y redundante... Por eso, la película, impresionante en muchos momentos, carga con un cierto desequilibrio: su maravilloso arranque, la hermosa y matizada historia de sexo y lecturas, en fin todo lo que es el hacia arriba de la película, muy en contraste con sus hacia abajo, cuando ni Kate Winslet puede mostrar la gama y riqueza de su expresión ya tapada por el tiempo, o sea, el maquillaje.


