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«Es muy pronto para plantearse si es bueno o no crear un súper CSIC»
Rafael Rodrigo, junto a su despacho en el CSIC
Actualizado Jueves, 12-02-09 a las 10:32
Si hay un organismo en España al que afecte la nueva Ley de Ciencia que prepara el Gobierno es sin duda el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el órgano que hoy por hoy se encarga de vertebrar una buena parte de la investigación que se realiza en nuestro país. Durante los últimos meses, han sido muchos los rumores sobre el futuro de este organismo (que por sí solo aúna más del 20% de la investigación española y un 0,3% de la mundial). Rumores que han ido desde su práctica desarticulación a su refuerzo, en forma de un «súper CSIC» cuya creación el Gobierno, por el momento, ha aplazado. Ayer, el Comité de Expertos encargado de redactar el borrador de la nueva ley entregó el texto a la ministra Cristina Garmendia. Un texto cuyo contenido adelantaba ABC la pasada semana. Una vez hecho público, estas son las primeras impresiones del presidente del CSIC al respecto.
—¿Qué le parece, en general, el borrador de la Ley de Ciencia?
—Creo que ataca alguno de los problemas reales de la ciencia española, tanto en su organización como en su financiación. Y que refuerza la colaboración entre los sectores público y privado, lo cual es importante. La propuesta de una agencia estatal para la financiación de los proyectos de investigación, que ya estaba prevista en una disposición transitoria de la Ley de Agencias, también me parece adecuada.
—La ley dará protagonismo a las Comunidades Autónomas...
—Sí, por supuesto, pero es que sin su colaboración todo sería inútil. Las CC.AA. tienen mucho que decir y estoy de acuerdo en que lo digan. El propio CSIC tiene un comité interterritorial en el que las Comunidades se sientan a discutir.
—Sí, pero a partir de ahora seguramente tendrán también las competencias en I+D.
—El hecho de que tengan transferidas competencias en I+D no tiene por qué dificultar las relaciones del CSIC con los gobiernos autónomos. La colaboración está abierta. El CSIC seguirá siendo el organismo vertebrador de la ciencia en España. O por lo menos espero que sea así. En la actualidad, hay ya muchos centros mixtos del CSIC con las CC.AA, unos 50 entre los 130 que existen. Y a partir de la ley, s<MC>i una comunidad necesita colaboración para incentivar alguna actividad en la que destaca, el CSIC colaborará, igual que ahora. Y si el CSIC no ve que sea oportuno, o bueno, pues no lo hará. El CSIC es hoy un sello de evaluación correcta y de credibilidad. Y eso es lo que hay que mantener.
—¿Se mantendrá ese sello incluso cuando los Organismos Públicos de Investigación (OPI) se transformen en agencias, iguales que el CSIC? ¿Se acabará creando por fin un «súper CSIC?»
—En los próximos años habrá de todo. OPI que se transformarán en agencias, otros nuevos que irán surgiendo y otros que desaparecerán o se fundirán. La ley contempla todas las posibilidades. Habrá que ver, en ese momento, cómo evolucionan las relaciones del CSIC con los OPI, y entonces decidir. El papel del CSIC no tiene por qué cambiar con la ley nueva. Su misión está muy bien definida y la ley no cambia ese papel. En ese sentido, creo que es muy pronto para plantearse si es bueno o no crear un «súper CSIC». No estoy seguro de si el Gobierno ha aparcado, pospuesto o eliminado esa idea. Nosotros no nos opusimos, pero sí dijimos que hace falta pasar una serie de fases, organizar los OPI.., Si después se ve que es necesario un súper CSIC, pues se hará. Y si no, pues seguiremos todos como como OPI coordinados.
—La ley suprime todas las Escalas de Investigación actuales del CSIC, desde profesores e investigadores hasta técnicos y especialistas. ¿Cómo afectará esto al personal del Consejo?
—Sí, desaparecen las cuatro escalas, pero eso es lógico. Para homogeneizar hay que eliminar la escala que aplica un OPI concreto, y crear una nueva que sirva para todos. Al haber por fin una carrera científica, las escalas profesionales podrán adaptarse e igualarse. Los investigadores del CSIC no deben preocuparse. Se integrarán automáticamente en la nueva escala correspondiente. Y los demás OPI que no tienen escala propia se integrarán también, aunque desde abajo. Luego podrán promocionar. Aquí lo único importante es que las nuevas escalas profesionales se hagan con los baremos que nosotros ya tenemos, que son los más adecuados y, además, muy exigentes. Eso es lo que garantiza la calidad del sistema. Si es así, estaremos encantados de que haya mas investigadores. Si no, la carrera científica prevista por la ley será una carrera devaluada.
—¿Cómo cree que reaccionarán los investigadores del CSIC?
—Creo que habrá que explicarles la situación con calma. Habrá que explicar muy bien que no se trata de agredir a nadie, sino de organizarlo mejor. El hecho de que desaparezcan las escalas propias del CSIC puede parecer una agresión, pero no es así. En vez de ser escalas propias del CSIC serán de OPI. Con eso se ganará coordinación, movilidad, una carrera, transferencia de conocimiento... Será una tarea difícil y lenta, pero habrá que hacerla.
—¿Por qué se siguen quejando los jóvenes investigadores?
— La mayoría de ellos no protesta y reconoce que habrá una mejora en su situación profesional. Esas protestas no son mayoritarias.
—¿Cuál es su opinión sobre la creación de un Comité de Ética en lugar del actual de Bioética?
—El Estatuto del CSIC también contemplaba la creación de un comité de ética. Creo que la ética es más que la bioética. Y que tener un comité de ética nacional es algo bueno y necesario. Y que ese comité deberá tener después subcomités, de bioética o de otras cosas.
—¿Dónde prevé que estarán las mayores dificultades para consensuar la futura ley?
—Creo que la pelea no será tanto interna de los OPI, sino debida al hecho de que la ley modifica partes de otras leyes. Ésta es una ley que afectará a todo el sistema de investigación español, a varias leyes que dependen de uno u otro ministerio y a administraciones públicas diversas. Ahora es necesario un estudio económico adecuado, que no lo hay. Y eso será difícil. Ahora empiezan las consultas con las partes, los debates... Ahora es cuando empieza la carrera de verdad, primero entre los sectores afectados y luego en el Parlamento.
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