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Gabriel Albiac: «El socialismo es una forma particularmente brutal y terrible de capitalismo de Estado»
Gabriel Albiac, ayer en la biblioteca de su estudio madrileño
Los ojos de Gabriel Albiac son como los de sus dos hijas indias, Samira y Kumari: generosos, acogedores, cercanos, tiernos, dispuestos a plantar barrera a un mundo del cual cualquier horror es esperable. Gabriel Albiac recuerda un Bachillerato (años 60 en Málaga) aderezado con la lectura de ABC, «el único sitio donde podía encontrar referentes culturales que eran impensables», evoca el autor de «La sinanoga vacía» (premio Nacional de Ensayo). Ese espejo en el camino del bachiller Albiac se hace realidad a partir del próximo lunes: «Para mí es una gran ilusión formar parte de ABC. Estoy muy agradecido». Albiac, catedrático de Filosofía de la Complutense, nómada, novelista, fascinado por los libros, la escritura, el cine y el rock, coincide en ABC con su admirado, y uno de los puntos de referencia de la filosofía española, Eugenio Trías: «Eugenio y yo nos hemos ido encontrando desde aquellos congresos de filósofos jóvenes de los años 70, cuando todavía desbarrábamos maravillosamente. A ciertas edades está bien desbarrar, pero a partir de cierta edad hay que cuidarse».
-Dice usted que es fruto de la «incompetencia franquista».
-Mi padre era militar de carrera y fue condenado a muerte en uno de los primeros procesos militares al acabar la Guerra Civil. Y por esos casos de incompetencia burocrática franquista mi padre tuvo la fortuna increíble de que no lo fusilaran. Al cabo de un año le hicieron un segundo proceso: fue condenado ya «sólo» a 30 años. Al abrigo de la boutade de Foxá («el franquismo era una dictadura muy atenuada por la incompetencia»), sin esa incompetencia yo no estaría aquí.
-A temprana edad descubre la Filosofía, escritura sobre escritura (Platón dixit). ¿Qué le fascinó?
-Los textos de Sartre y Camus, los clásicos... Leer a Platón ha sido el acontecimiento más grande de mi vida, como a partir ya de la edad madura fue Spinoza el que me ha marcado de un modo irreversible.
-Cuando acabó la carrera se fue a estudiar con Althuser en París.
-Una fortuna inmensa. Porque, además de ser el pensador teórico más importante del marxismo, era una persona maravillosa. Lo que él trató de hacer fue romper con esa horrorosa tradición eclesial sacralizante que se había apoderado del marxismo en los dos primeros tercios del siglo XX.
-¿Cuáles son los fantasmas que atenazan al hombre del siglo XXI?
-La Gran Guerra hace entrar en quiebra todo el sistema de ilusiones del hombre del siglo XX: ilustración, progreso, avance moral de la Humanidad... El siglo XX ha vivido una experiencia que jamás se ha producido en la Historia de la Humanidad: la de que se puede matar ilimitadamente. Y para Freud, la prohibición universal de matar es el síntoma más inequívoco de que el deseo de matar es universal. Ese es el gran fantasma del siglo XX.
-¿Somos los primeros pobladores de un mundo sin sentido?
-Comprender que no hay sentido es lo que nos puede salvar de ciertas tentaciones: mesianismos, teleologismos...
-¿Y la identidad?
-Me produce escalofríos. La pulsión de identidad, según Freud, no es más que el nombre respetable de pulsión de muerte, porque no hay identidad más que antes de la vida.
-¿El socialismo real esconde un sistema totalitario?
-El socialismo, decíamos entonces con Althuser y sigo pensándolo ahora, es una forma particularmente brutal y terrible de capitalismo de Estado. Terrible porque trata de poner, allí donde el capitalismo clásico tradicional funciona, una voluntad todopoderosa que sea una especie de depurador policial: si las cosas no salen bien es porque «algo» boicotea el sistema, con lo que se puede pasar a exterminar ese «algo». Fue una experiencia terrible de la Unión Soviética, el Gulag...
-¿El filósofo se desespera?
-Sostenía Spinoza que el miedo y la esperanza son los dos procedimientos por los cuales se genera la sumisión de los demás. Los totalitarismos han funcionado sobre una gran esperanza «a punto de llegar». Situarte fuera de la esperanza es la condición pequeñita de poder construir pequeños ámbitos de libertad. Hay que entender que cuando se dice: «Vamos a llegar a la consumación de los tiempos» lo que se está diciendo es: «Podemos exterminar al que se ponga de por medio e impida ese acceso».
-¿Hay (des)esperanza en crisis?
-Creo que hemos entrado en la primera gran depresión desde 1929. Para evitar la desesperación hay que entender que es una depresión de verdad.
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