
Eluana Englaro
Eluana Englaro reposa en su lecho de muerte en la clínica «La Quiete» de Údine por tercer día consecutivo. Hoy comienza la primera fase de la desconexión de las sondas que desde hace 17 años hidratan y alimentan artificialmente a esta joven de 38 años manteniéndola con vida. A pesar de las protestas, el «protocolo» hacia la muerte de Eluana sigue adelante, mientras el Gobierno de Silvio Berlusconi busca cómo intervenir para paralizar al equipo de médicos que de forma voluntaria asisten a esta chica, que se ha convertido en un emblema de defensa de la vida en Italia.
A las puertas de la casa de reposo para ancianos «La Quiete» hay numerosos manifestantes que gritan a Eluana que se despierte, mientras los periodistas y fotógrafos intentan inútilmente obtener imágenes del interior de la estructura. Todos ellos controlados por policías que desde que llegara Eluana no se han movido con el objetivo de proteger a esta chica que poco sabe de lo que está pasando a su alrededor.
¿Un centro adecuado?
El hecho de que la clínica sea una casa de ancianos sirvió ayer al ministro de Sanidad, Maurizio Sacconi, para abrir una investigación sobre la idoneidad del centro, lo que en la práctica paralizaría la desconexión de Eluana. «He pedido al presidente de la Región Friuli, donde está ubicada la estructura elegida por la familia Englaro, que evalúe si «La Quiete» es adecuada para acoger a Eluana», dijo ayer el ministro italiano quien señaló no poder mirar hacia otro lado «cuando ante mis ojos hay un problema tan grande».
«La Quiete» acoge a ancianos desde 1935, «por lo que no se puede calificar como estructura sanitaria», explicaron desde el Ministerio de Salud. De hecho, en los casos en los que han sido necesarias las intervenciones de médicos, los pacientes eran trasladados a un hospital cercano. El problema ahora es ver las competencias legales de la casa de Údine y ver hasta qué punto no cumple los requisitos.
Pero el tiempo apremia y por eso el ministro de Justicia, Angelino Alfano, anunció ayer una intervención legislativa para regular los casos como el de Eluana. «Esta intervención en realidad se ha traducido ya en propuesta de ley», dijo Alfano. «Es un drama que me abre interrogantes como hombre y como católico. Considero un hecho terrible quitar el agua y la alimentación a una persona que es incapaz de decidir».
Para el ministro de Justicia toda esta historia se hubiera evitado si el texto se hubiera aprobado antes «de forma que ningún tribunal podría haber suspendido la hidratación y la alimentación de la joven, porque no siendo curas médicas no se podrían suspender».
El médico que dirige al equipo que cuida a Eluana en estos últimos días de vida, Amato De Monte, sobrecogió ayer a la opinión pública con sus declaraciones en relación al viaje de seis horas en ambulancia desde la clínica de las hermanas de la Misericordia donde estaba desde 1994, hasta Údine. «Era un recorrido interminable durante el que he tocado con la mano la diversidad que hay entre la vida que hemos vivido y nos hemos imaginado», relató, subrayando una vez más que «Eluana murió hace 17 años».
«No sufrirá porque las funciones del cerebro no permiten sentir ni hambre ni sed», explicó el anestesista Marco Riccio. Contrarios a esta opinión son los médicos católicos como, Marco Pierotti, quien recordó que «hay previsto en el protocolo una terapia del dolor, ¿si no siente, por qué lo proveen?».



